La novela más explosiva desde Cincuenta Sombras de Grey

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El éxito romántico de los hombres lobo, Lobos Lobos Milenarios, el romance lobuno de más éxito, abarca más de siete libros y ha sido leído más de 125 millones de veces en la aplicación Galatea. La aplicación ha recibido el reconocimiento de la BBC, Forbes y The Guardian y son muchos los que ya han observado que Lobos Milenarios se vende más rápido que Cincuenta sombras.

Se ha convertido en la novela favorita de muchas mujeres y tiene todas las papeletas para convertirse en el gran fenómeno del año. No solo se ha convertido en una obra muy popular, sino que solo está disponible en Galatea.

Ali Albazaz, Founder and CEO of Inkitt, on BBC The Five-Month-Old Storytelling App Galatea Is Already A Multimillion-Dollar Business Paulo Coelho tells readers: buy my book after you've read it – if you liked it

La joven Sienna, de diecinueve años, no puede evitar fantasear cuando el misterioso alfa de la manada, sin pareja, anuncia un sorteo para ganar una cena con él. Hay rumores que dicen que Aiden Norwood está buscando pareja. O al menos una compañera para la temporada de apareamiento que se avecina. Pero cuando Sienna recibe la invitación y el alfa la reclama para sí mismo, su fantasía estalla en llamas. Porque Sienna está decidida a encontrar una pareja verdadera. Y las ganas que siente por Aiden no bastan, pues sabe que él no es el elegido…

Sigue deslizando para ver los dos primeros capítulos de Lobos Milenarios o descárgate la app para leer la saga al completo.>>

Capítulo 1

El Alfa junto al río

Todo lo que podía ver era bruma.

Dondequiera que mirase, había cuerpos estremeciéndose…

Corrí a través de un bosque, jadeando, intentando escapar de los fantasmas carnales que me rodeaban y que parecían convocarme. Ellos decían: Únete a nosotros…

Pero cuanto más me adentraba en el bosque, más oscuro y vivo se volvía.

Algunos árboles se balanceaban como amantes, otros, con raíces nudosas y delgadas ramas, parecían depredadores acercándose a mí, persiguiéndome.

Algo ahí fuera, en la oscuridad, me acechaba. Algo inhumano.

Y las bocas ya no gemían: gritaban.

En cualquier momento, la oscuridad iba a atraparme.

Cuando sentí que una raíz serpenteaba alrededor de mi pierna, tropecé y caí por un agujero en el centro del bosque. Pero no era lo que parecía.

Era una boca a punto de tragarme entera.

Intenté gritar, pero no tenía voz.

Caí.

Lejos.

En lo más profundo.

Hasta que me uní a esa violencia… completamente consumida.

***

Parpadeé. ¿Qué estaba dibujando?

Sentada en la orilla del río, con el cuaderno de dibujo en la mano, miré incrédula mi propio trabajo. Había dibujado algo muy animal.

Eso solo podía significar una cosa: que la Bruma estaba llegando.

Cuando pensaba en la Bruma y en mi dibujo, el sonido de unas risas cercanas me distrajo. Me giré y vi a un grupo de chicas que lo rodeaban.

Aiden Norwood.

Nunca lo había visto ahí, en la orilla del río adonde acudía a dibujar y a despejar la mente. No suele haber muchos de los de nuestra especie. ¿Por qué? No lo sé. Tal vez sea la calma cuando se espera que siempre seamos salvajes. Tal vez sea el agua cuando cada uno de nosotros arde con un fuego interior. O tal vez sea que siempre he considerado este como un lugar propio.

Un lugar secreto donde no soy una más de la manada. Donde solo soy yo: Sienna Mercer, una artista autodidacta pelirroja de diecinueve años. Una chica aparentemente normal.

El Alfa se dirigió hacia el agua, ignorando a la pandilla de chicas que le seguían. Parecía que quería que le dejaran en paz. Me produjo curiosidad, y me entraron ganas de dibujarlo.

Yo sabía que era un riesgo dibujar al Alfa, pero, ¿cómo iba a resistirme?

Empecé a perfilarlo. Tenía un metro ochenta y cinco de altura, el pelo negro azabache despeinado y unos ojos verdes dorados que cambiaban de color cada vez que giraba la cabeza. Aiden era la definición de atractivo.

Estaba centrada en sus ojos cuando giró la cabeza y olisqueó algo.

Me quedé paralizada, a mitad del trazo del bolígrafo. Si viera lo que estaba dibujando…

Pero entonces, para mi alivio, volvió a mirar al agua, perdiéndose de nuevo en algún oscuro ensueño. Incluso entre la gente, el Alfa parecía estar solo. Así que lo plasmé en mi dibujo en soledad.

Siempre lo había observado desde lejos. Nunca había estado tan cerca. Pero podía ver sus brazos musculosos, cómo su columna vertebral se curvaba para adaptarse a su transformación. Imaginé lo rápido que podría transformarse. Agazapado, con los ojos observando como un animal salvaje, parecía estar ya a mitad de su transición.

Era un hombre, sí. Pero era mucho más que eso: un hombre lobo.

Su belleza me recordó que la Bruma estaba a punto de llegar. Era la época del año en la que todos los hombres lobo a partir de los dieciséis años se vuelven presa de sus instintos, la temporada en la que todos, absolutamente todos, solo tienen ganas de una cosa.

Una o dos veces al año, este hambre impredecible, esta necesidad física nos infectaba a toda la manada. Los que no tenían pareja se buscaban un compañero temporal.

En otras palabras, no había nadie en la manada mayor de dieciséis años que conservara su inocencia.

Al observar a Aiden, me pregunté si los rumores que se cernían sobre él eran ciertos, si esa era una de las razones por las que estaba ahí, ignorando a las chicas, meditando en la orilla del río.

Algunos decían que hacía meses que Aiden no tenía novia, que se estaba distanciando de todo el mundo.

¿Por qué? ¿Una compañera secreta? No, las cotillas de la manada ya la habrían olido.

Entonces, ¿qué era? ¿Qué iba a pasar con nuestro querido Alfa si no tenía pareja cuando la Bruma golpeara?

No es de tu incumbencia, me reprendí a mí misma. ¿Qué me importaba a mí con quién estuviera Aiden?

Era diez años mayor y, como la mayoría de los hombres lobo, solo se interesaba por gente de su edad. Para Aiden Norwood, el Alfa de la segunda manada más grande de Estados Unidos, yo no existía. Dejando de lado mi enamoramiento de colegiala, sabía que estaba mejor así.

Michelle, mi mejor amiga, estaba decidida a encontrarme algún «amigo». Ella se había emparejado por adelantado, como era habitual entre los lobos sin pareja antes de la Bruma.

Trató de emparejarme con tres amigos de su hermano, que parecían bastante decentes y que habían sido sinceros al decir que me consideraban apta para pasar un buen rato; Michelle no podía entender por qué los había rechazado

«Arg». Casi podía oír la voz de Michelle en mi cabeza.

«¿Por qué eres siempre tan condenadamente exigente, chica?».

La verdad era que tenía un secreto. A los diecinueve años, era la única loba de toda la manada que conservaba su inocencia. Había pasado por tres temporadas y, por mucho que me afectara la Bruma, nunca había cedido a mis deseos carnales.

Lo sé. Muy poco lobuno por mi parte el preocuparme por los «sentimientos», pero era algo que valoraba. No es que fuera una mojigata. En nuestra sociedad, no existía tal cosa. Pero, a diferencia de la mayoría de las chicas, me negaba a conformarme hasta encontrar a mi pareja ideal.

Iba a encontrarlo.

Estaba reservándome para él.

Fuese quien fuese

Seguí dibujando al Alfa cuando levanté la vista y descubrí, para mi sorpresa y repentino temor, que no estaba allí.

—No está mal. —Oí una voz baja a mi lado—. Pero los ojos podrían estar mejor trabajados.

Me giré y vi que estaba de pie junto a mí, mirando mi boceto…

Aiden.

Norwood.

Antes de que pudiera recuperar el aliento, levantó la vista y nuestros ojos se encontraron. Me puse nerviosa al darme cuenta de que estaba observándome fijamente y aparté inmediatamente la mirada. Nadie en su sano juicio se atrevía a mirar al Alfa a los ojos.

Mi única opción era apartar la mirada antes de que fuera demasiado tarde y rezar para que no malinterpretara su significado.

—Perdóname —dije en voz baja—. Me has pillado por sorpresa.

—Lo siento —dijo—, no quería asustarte.

Esa voz. Incluso diciendo las palabras más educadas posibles, sonaban cargadas de amenaza.

—No pasa nada —dijo—. De verdad. No muerdo…

Estaba tan cerca que podía extender la mano y tocarlo. Alcé la vista y eché un vistazo.

Su cara brutal y basta no tenía por qué ser atractiva, pero lo era. Gruesas cejas que parecían toscas al tacto, destacando su forma de hombre lobo.

Y una nariz, aunque ligeramente torcida —sin duda rota en alguna pelea pasada—, que no restaba nada a su atractivo.

—La próxima vez que vayas a dibujarme —, dijo Aiden—, acércate.

—Oh… de acuerdo —balbuceé como una tonta.

Y entonces, tan rápido como había aparecido, Aiden Norwood se dio la vuelta y se marchó, dejándome sola junto al río. Suspiré, sintiendo que todos los músculos de mi cuerpo se relajaban.

No era habitual ver al Alfa fuera de la Casa de la Manada, el cuartel general para todos los asuntos de la misma. Casi siempre lo veíamos en reuniones o bailes, es decir, en eventos formales. Lo que había ocurrido hoy era muy raro.

Me imaginaba, por las miradas de envidia de las admiradoras de Aiden que le habían seguido para acabar siendo ignoradas, que ese encuentro podría malinterpretarse.

Incluso un leve olfateo hacia una hembra, especialmente con una joven mundana como yo, era suficiente para que esas mujeres entraran en frenesí y derribaran los muros de la Casa de la Manada solo para probarlo.

Una situación de esa magnitud seguramente estresaría al Alfa. Y un Alfa estresado significaba un Alfa disfuncional, lo que derivaba en una manada disfuncional… creo que se entiende.

Nadie querría eso.

Decidí, con la poca luz que quedaba del día, terminar de dibujar para despejar la mente. A solas frente a la paz del río. Pero solo podía ver los ojos de Aiden Norwood.

Y qué mal los había dibujado. El Alfa tenía razón. Podía hacerlo mejor.

Si hubiera estado más cerca. ¿Pero cuándo volvería a estarlo?

No sabía entonces lo que sé ahora, que faltaban apenas unas horas para comenzar la Bruma y que estaba a punto de convertirme en una bestia. Y que Aiden Norwood, el Alfa de la manada de la Costa Este, iba a desempeñar un papel muy destacado en mi despertar…

Suficiente para hacer aullar a una chica.

 

 

Capítulo 2 – La Bruma

No puedes decidir cuándo y dónde te golpea la Bruma.

 

¿Conduciendo? Mejor que pares rápido o provocarás un accidente múltiple con cincuenta coches más.

 

¿En el trabajo? Ficha y vete corriendo al monte o tu jefe y tú acabaréis siendo algo más que colegas.

 

Cuando me senté a cenar, recé para que no me golpeara mientras estaba con mi familia, el peor lugar posible que se me podía ocurrir.

Mientras ayudaba a poner la mesa y le servía un plato de lasaña casera a Selene, observé la puerta trasera, por si tenía que escapar de manera improvisada.

 

Me senté a comer con toda la familia, que ya estaba en medio de una animada conversación.

 

—¿Qué pasa, Jeremy? —dijo mi madre señalando con la barbilla al acompañante de mi hermana—. Apenas has dicho una palabra desde que has entrado. ¿Cómo va el trabajo?

 

—No tiene por qué responder a eso, abogado —dijo Selene, lanzando a mamá una mirada divertida.

 

—Bueno —Jeremy se rió— si lo que quieres es que te cuente algún cotilleo, Melissa, sabes que no puedo divulgar ese tipo de información.

 

—¿Ni siquiera un ligero movimiento de cabeza para confirmar o negar?

 

—Mamá —dijo Selene—. Es el abogado principal de la manada. Su trabajo es guardar secretos.

 

—Pero… —mi madre suspiró—. No necesito saber nada de  importancia . Solo un poco de cháchara. Por ejemplo… ¿es cierto que nuestro Alfa y Jocelyn ya no son pareja y ahora sale con Josh, su Beta?

 

—Mamá —dijimos Selene y yo al unísono.

 

Jeremy sonrió.
—Me acojo a la quinta enmienda.

 

—Oh, sois todos unos aburridos.

 

Actuaba más como una adolescente que sus dos hijas juntas. Pero eso hacía que la quisiéramos más todavía. La mayor parte del tiempo…

 

—Podrías preguntarme sobre mi trabajo, ya sabes —dijo Selene.

—Ya te pregunté, ¿no? —dijo entre bocado y bocado de lasaña—. Estoy segura de que ya te pregunté.

 

Selene puso los ojos en blanco. Mamá siempre había querido que Selene tuviera una carrera más estable. La moda, pensaba mi madre, no era una ocupación. Era un hobby.

«Un día algo está de moda y al siguiente no», solía decir, «¡eso es así con la ropa y con toda la industria, Selene! Piensa a largo plazo».

 

Pues bien, Selene había triunfado, demostrando que los consejos de su madre habían sido erróneos durante años y estaba trabajando activamente en una de las principales empresas de diseño de moda de la ciudad.

 

Pero Selene siempre dejaba que los insultos de mamá le resbalaran. En todos los aspectos, ella era la versión más guapa, más inteligente y más exitosa de mí.

 

Cada vez que lo decía en voz alta, que solía ser a menudo, Selene me empujaba suavemente y se limitaba a decir: «Todavía eres joven, Sienna. Date tiempo».

 

Pero cuando se trataba de mis sueños, de mi futura carrera de artista más grande del mundo, no tenía paciencia. Un día iba a abrir mi propia galería.

 

Un día no muy lejano, me prometí a mí misma. No me importaba lo que dijera mi madre. Selene había demostrado que no tenía razón en todo.

 

—Está bien, mamá —dijo Selene, cambiando de tema—. Los cotilleos siempre son más interesantes al fin y al cabo. Y ya que estamos…

 

Los ojos de Selene se dirigieron a mí. Le hice un gesto silencioso con la cabeza.

 

—¿Alguna idea de quién podría ser tu compañero para la temporada, Sienna?

 

—¡Oooh, sí! —dijo mi madre, volviéndose hacia mí—. ¿Qué o mejor dicho  quién está en el menú este año?

 

—Una loba nunca revela sus secretos —dije, haciéndome la tímida.

 

Por un segundo pareció que mi familia iba a dejarlo correr. Sabía manejarme; sabía dirigir las conversaciones, tomar el control, mantener la atención en cualquiera que no fuera yo. Aunque era la más joven, siempre había tenido esa habilidad.

 

Pero mi madre se había puesto al día.

 

—Ya estamos otra vez —dijo mi madre, sacudiendo la cabeza—. Nuestra pequeña dominante siempre haciendo que nos sometamos a sus caprichos. Vamos, Sienna. Dinos. ¿Hay alguien?

 

—A algunas nos gusta mantener nuestra vida privada en privado, mamá —dije.

Mi madre se encogió de hombros.
—No hay nada que ocultar. Sé que tu padre está deseando que llegue la Bruma de este año, ¿no es así, cariño?

 

—Estoy contando cada segundo que pasa —dijo mi padre, levantando su copa de vino y sonriendo con picardía.

 

—POR FAVOR. Qué asco.

 

Me daba asco, sí. Pero esa no era la razón por la que me molestaba tanto, pues mi madre siempre había sido una criatura liberada. No, lo que no me gustaba era tener que mentir.

 

Cuando dije antes que mi pureza era mi secreto, lo dije en serio. Ni siquiera mi madre lo sabía.

 

Lo cual era extraño porque siempre habíamos sido muy abiertas la una con la otra acerca de todo. Nunca me había ocultado la verdad.

Me había contado cómo conoció a mi padre, que era humano. Cómo los dos tuvieron a su única hija, Selene. Y cómo me encontraron.

 

No eran mis padres biológicos. Me encontraron en un coche abandonado a la salida del hospital donde trabajaba mi madre. Mi madre siempre había dicho que eso no era importante.

Estaba a punto de cambiar de tema para hablar de lo que fuera,  cualquier cosa que no fuera la Bruma, cuando de repente sucedió.

 

Me congelé. Un lento y palpitante calor se encendió en mi interior, haciendo que mi cuerpo se sintiera como si estuviera en llamas.

 

La respiración se hizo imposible, el sudor cubrió cada centímetro de mi piel.

 

Un áspero jadeo salió de mi boca antes de que pudiera detenerlo y cuando abrí los ojos, que no recordaba haber cerrado, vi que todos los demás en el comedor tenían la misma reacción que yo.

 

 No, no, no. 

 

 Aquí no. 

 

 No delante de mi familia. 

 

La forma en que mi hermana miraba fijamente a Jeremy. La forma en que mi madre se levantó de su asiento, inclinándose hacia mi padre.

 

No pude soportarlo. Salí corriendo de la habitación tan rápido como mis pies pudieron llevarme.

 

La cocina.

 

El pasillo.

 

La puerta principal.

 

Y salí a la fría noche y me desplomé sobre mis rodillas.

 

La Bruma se arrastró por mi cuerpo como una serpiente venenosa. La ropa se me pegaba al cuerpo, incluso entre el viento de la noche.

 

Nunca antes la Bruma me había golpeado con tanta fuerza. Probablemente era una acumulación de todas las necesidades y frustraciones que había reprimido a lo largo de las últimas tres temporadas

 

Debí haberlo imaginado. Algo así iba a suceder, claramente. ¿O qué pensaba? Ni siquiera había pensado nada. Y ahora estaba pagando el precio.

 

Me giré y miré mi casa, un lugar donde normalmente encontraba seguridad y comodidad. Pero ahora no. De ninguna manera. Mis padres probablemente ya estaban aprovechando la Bruma.

 

Pensar en Selene y Jeremy no lo hacía mejor. Pero se comportaban más como personas, menos como lobos, respetando los límites, la privacidad, las convenciones sociales. Probablemente se las arreglarían para llegar a su piso en el centro de la ciudad antes de ceder a sus impulsos.

 

Los aparté de mis pensamientos y corrí por el sendero hacia el bosque.

Me crucé con humanos, totalmente ajenos a la Bruma y ocupados con sus asuntos, y con algunos lobos que, como yo, estaban en la primera fase de la Bruma y trataban de orientarse.

 

Era más fácil para ellos. Tenían la experiencia de las temporadas anteriores. Yo no. Yo estaba completamente desquiciada.

 

A la entrada del bosque, me transformé.

 

Ahí mismo.

 

En ese instante.

 

Normalmente mantenía todo el control cuando me transformaba, pero no cuando la Bruma se apoderaba de mí. No. No podía permanecer en mi forma humana más tiempo.

 

Cerré los ojos y sentí la transformación.

 

Por lo general, sentía cada pequeño cambio que se producía en mi cuerpo: las extremidades que se alargaban, los músculos que se tensaban, el cuerpo que crecía, el pelaje rojo, a juego con mi pelo humano, que brotaba de mi piel y me cubría por completo.

 

Pero no en ese momento. No sentía otra cosa que no fuera la Bruma.

 

Respiré y mi voz fue un gruñido. Mis dedos eran garras negras como el carbón. A través de los ojos de loba todo era más exagerado.

 

Especialmente en ese momento. Cuando la Bruma apenas comenzaba.

 

Transformada por completo en loba, me adentré en el bosque. El viento frío soplaba sobre mi pelaje, el duro suelo estaba húmedo bajo mis patas y los olores del bosque llenaban mi nariz.

 

Los aullidos resonaron en el bosque. Eran lobos en busca de compañía.

 

Acuciada por la Bruma, no había pensado en las implicaciones.

 

Entrar en el bosque al principio de la temporada era como ir en busca de acompañante. Los bosques eran como un bar de universidad. Todo eran ganas e impulsos.

 

En cualquier momento, algún lobo iba a detectar mi olor y a reconocer que no tenía pareja. Me acecharía hasta que me rindiera. Más de uno. Estaba segura.

 

Un juego, un desafío para ver quién se llevaba a la loba.

No iba a ceder tan fácilmente. Esos lobos podían divertirse todo lo que les apeteciera, no los juzgaba. Pero yo estaba esperando.

 

Esperando ese momento, ese instante, esa súbita e indescriptible mirada de reconocimiento cuando dos lobos establecen contacto visual y saben que son pareja de por vida.

 

Quería que eso me sucediera a mí.

 

¿Pero estando en el bosque recién iniciada la Bruma? Era poco probable, por decirlo finamente.

 

Me volví hiperconsciente de los lobos machos, de cada uno de sus movimientos, de su olor. Corrí descaradamente, liberando feromonas en el aire, atrayéndolos más cerca. Y pronto supe que me iban a acorralar.

 

Eran cinco. Todos lobos machos hambrientos.

 

Por un segundo me pregunté si sería el año. ¿Iba a ceder finalmente? ¿Iba a perder mi virginidad en medio del bosque en ese instante?

 

A medida que la Bruma se apoderaba de mí y todos mis deseos de esperar a mi pareja verdadera empezaban a desvanecerse, me pregunté qué me detenía.

¿Sinceramente? 

Haze con Galatea en la app store y sumérgete en la historia que ha conquistado a mujeres de todo el mundo.

Comentarios de los
lectores

Estoy tan absorbido por estos libros... bye bye Netflix 😊
Shannan Penisione, 9 de abril
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Sinceramente, creo que esta aplicación es genial. La uso casi todos los días y me encanta. 👌🏻❤️
Steffie Cliff, 27 de marzo
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Me encanta esta aplicación. ¡Los libros son increíbles y siempre me entusiasma leer más!
Virgo Rose, 25 de marzo
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Kimberley Mills, 25 de marzo
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