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Gideon (español)

Gideon, de 200 años, consejero de la familia real de los licántropos, lleva buscando a su erasthai más tiempo del que vive la mayoría de los humanos. Hace tiempo que se dio por vencido, pero esta noche huele algo celestial… Va hasta su cama y descubre que ya hay alguien allí…

Layla, una joven de 22 años, humana en una familia de hombres lobo, ha intentado ser independiente toda su vida. Pero tras aceptar el turno de un compañero de trabajo enfermo, acaba en una casa que huele lo suficientemente bien como para que se meta en la cama del dueño… desnuda.

Calificación por edades: 18+

Autora original: Nicole Riddley

 

Gideon (español) de Nicole Riddley ya está disponible para leer en la aplicación Galatea. Lee los dos primeros capítulos a continuación, o descarga Galatea para disfrutar de la experiencia completa.

 


 

La aplicación ha recibido el reconocimiento de la BBC, Forbes y The Guardian por ser la aplicación de moda para novelas explosivas de nuevo Romance, Science Fiction & Fantasy.
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1

Resumen

Gideon, de 200 años, consejero de la familia real de los licántropos, lleva buscando a su erasthai más tiempo del que vive la mayoría de los humanos. Hace tiempo que se dio por vencido, pero esta noche huele algo celestial… Lo sigue hasta su cama, y descubre que ya hay alguien allí…

Layla, una joven de 22 años, humana en una familia de hombres lobo, ha intentado ser independiente toda su vida. Pero tras aceptar el turno de un compañero de trabajo enfermo, acaba en una casa que huele lo suficientemente bien como para que se meta en la cama del dueño… desnuda.

Calificación por edades: 18+

Autora original: Nicole Riddley

GIDEON ARCHER

—¡Lord Archer! Qué curioso encontrarle aquí.

Alistair Pembroke. Fundador de Pembroke Motor Corporation y fabricante de todo tipo de cosas, desde pequeños aviones hasta coches de lujo, pasando por barcos y yates.

Un playboy extraordinario.

Y de lo más pretencioso.

Ansioso y desesperado por establecer una conexión con el Palacio. Si tan solo supiera que el príncipe heredero y su manada están aquí, en California…

Me coge la mano y me golpea la espalda como si fuéramos viejos amigos.

—Señor Pembroke. —Lo acepto, porque hacer lo contrario sería descortés, y yo soy cualquier cosa menos maleducado.

Lo cual no significa que me guste este capullo.

—Señora Helen Aristophanes —dirige su atención a mi acompañante—. ¿Cómo está usted?

Tengo que reprimir un comentario sarcástico porque sé que se han conocido, en un sentido bíblico, más de una vez, aunque ella profesaba ser leal solo a mí.

—Señor Pembroke —Helen le dedica una de sus seductoras sonrisas y le ofrece la mano. Los ojos de él recorren rápidamente su cuerpo antes de llevarse la mano de ella a los labios.

—Entonces, ¿qué trae al legendario Lord Archer aquí esta noche? —pregunta volviendo a dirigir su atención hacia mí después de soltar lentamente la mano de Helen— Nunca pensé que le vería entre los humanos.

Me meto las manos en los bolsillos del pantalón y miro a nuestro alrededor.

La gala benéfica está en su apogeo: champán a raudales, música en directo, hombres con sus trajes de mil dólares y mujeres haciendo alarde de sus vestidos de diseño. El lugar está repleto de seres humanos.

Solo veo otros dos licántropos aquí esta noche. Probablemente sea el equipo de seguridad de Pembroke o sus amigos. Es el lugar para ver y ser visto. A nadie le importa la causa.

—Para mostrar mi apoyo a esta gala benéfica, claro —digo con voz inexpresiva.

—Sí, naturalmente —responde.

—Ahí estás, Alistair. —Una hermosa mujer licántropa se acerca a él—. Te he estado buscando —dice antes de lanzar sus ojos hacia mí, expectante.

—Lord Archer, permítame presentarle a mi acompañante, Juana Vega —dice Pembroke —. Juana, este es Lord Archer y su acompañante, la señora Helen Aristophanes.

—Su compañera, en realidad —dice Helen antes de darme la oportunidad de decir nada. Enrosca sus dedos alrededor de mi brazo—. Es un placer conocerle.

—Oh, Dios mío… usted es Lord Archer —respira Juana Vega, y sus ojos se iluminan—. Alistair, nunca me dijiste que conocías a Lord Archer.

—Es un placer conocerla, señora Vega —le digo, estrechando la mano que me ofrece.

—El placer es todo mío. —Ella sigue con cara de asombro. Siento que la mano de Helen me aprieta el bíceps y trato de ocultar mi fastidio.

Tengo que hablar pronto con Helen sobre esta posesividad. Ambos entendemos que ella no tiene ningún derecho sobre mí, así como yo no tengo ningún derecho sobre ella.

—Bueno, tenéis que sentaros con nosotros —Pembroke levanta la mano para indicar la sección VIP de la parte delantera.

—Me temo que no nos vamos a quedar —le digo.

—Oh, quedaos, por favor. La pista de baile pronto estará despejada para bailar —insiste. Pembroke lleva años intentando acercarse a mí. Supongo que es por mi conexión con el Palacio.

—Ojalá pudiera, pero tengo trabajo que hacer, señor Pembroke.

—Cariño, siempre estás trabajando. La fiesta parece divertida —refunfuña Helen. Estoy seguro de que Alistair Pembroke encuentra sexy su gesto, que a mí me parece irritante.

—Sabes muy bien que no puedo quedarme. Además, tenemos esa reserva en el Providence —le digo.

Estoy aquí para entregar un mensaje del Palacio a uno de los aliados más poderosos fuera del Reino. Mensaje entregado. Mi trabajo está hecho. Tengo que irme.

—Quizás nuestros caminos se crucen de nuevo en el futuro, señor Pembroke.

***

Helen ha puesto mala cara y no ha dicho nada en la parte trasera de la limusina. Sin embargo, desde el momento en que nos sentamos a cenar, no ha dejado de hablarme.

Veo que su boca se mueve pero mi mente está ocupada en otros asuntos, y eso es una mala señal.

Hice un acuerdo con Helen para que fuera mi compañera hace cinco años, sin compromisos. Por aquel entonces la encontraba entretenida.

Se entiende que esto no va a ser algo permanente. Nunca voy a hacerla mi compañera. Esa oferta nunca estará sobre la mesa. Si uno de nosotros encuentra su erasthai —o si simplemente nos aburrimos el uno del otro— terminaremos nuestro acuerdo en cualquier momento, sin resentimientos.

E incluso con este acuerdo, no siempre estamos juntos. A veces estamos lejos el uno del otro durante meses, a veces durante casi un año. Cuando ella se va, afirma que pasa un tiempo en Mykonos, donde viven sus padres, pero lo dudo.

Nunca cuestiono adónde va. No es asunto mío. Tampoco le respondo dónde he estado yo, o qué he hecho.

La he encontrado más irritante que de costumbre estos últimos meses…

Bueno, en realidad, ha sido mucho más que eso. No recuerdo bien cuándo ha dejado de ser entretenida. Cada palabra que sale de su boca me pone de los nervios.

Después de mi última estancia con el príncipe heredero Caspian y su manada, tratando de salvar a su erasthai Quincy de las garras de su antigua manada, estoy seguro de que necesito acabar pronto con Helen.

Tal vez el encuentro con las auténticas hembras de la manada de Caspian me haya recordado cómo debería ser con tu compañera.

O tal vez la forma en que Helen se lanzó sobre el Príncipe y trató de crear problemas entre la pareja real, a pesar de mi advertencia, me esté afectando.

Hace tiempo he perdido toda esperanza de conocer a mi erasthai, pero necesito a alguien en quien pueda confiar y que me guste de verdad.

La pareja de un hombre lobo es su otra mitad. Para un licántropo, una erasthai es casi lo que una pareja es para un hombre lobo. Es la que tu instinto te dice que sería más compatible mental, emocional y físicamente.

Tu instinto te dice que, con el tiempo, podría ser la hembra de la que podrías enamorarte profundamente, por el resto de tu vida, por encima de todas las demás. Eso si no estás ya enamorado de ella a primera vista… o al primer olor.

Ella será tu obsesión. Tu vida. Tu todo.

—He oído que habrá una ceremonia de apareamiento en el Palacio de Banehallow y que el príncipe heredero y su manada han volado a Rusia. Seguro que ellos están invitados. —La voz de Helen penetra en mis pensamientos—. ¿Por qué no volvemos a Rusia? Seguro que el baile es para morirse.

De hecho, me han invitado, pero tengo algunas cosas que hacer aquí y en otros lugares.

—No lo creo.

Helen vuelve a poner mala cara.

—Eres un adicto al trabajo —se queja, no por primera vez—. Oh, menos mal. He oído que el Príncipe va a rechazar su intención.

Todavía no puedo creer que vaya a hacer de esa mujer Quincy su reina. Es demasiado sencilla, ¿no crees?

Sabe muy bien que Quincy St. Martin es cualquier cosa menos sencilla. Esa mujer es impresionantemente hermosa y poderosa.

De hecho, Quincy St. Martin fue la única mujer que encontré lo suficientemente intrigante como para considerar el apareamiento. Lástima que sea la erasthai del príncipe heredero y mi futura reina.

Soy leal a la corona; no muerdo la mano que me da de comer.

—Estoy aburrida. Estamos en Los Ángeles, me apetece salir de fiesta aunque tú no lo hagas.

—Muy bien. Tendrás el coche a tu disposición esta noche. Se lo haré saber al conductor. —No tengo dudas de que estará con Alistair Pembroke. Me siento aliviado de estar solo. No será el primer hombre con el que pasa la noche.

Puede quedarse con ella si lo desea.

En serio creo que es hora de cortar con ella. Esto ya no me sirve. Es bueno terminar las cosas mientras aún estemos es términos amigables. Solo tengo que encontrar una manera de hacerlo sin que se vuelva loca.

Tal vez pueda endulzarla con un costoso regalo de despedida… Le encantan los regalos caros.

Me pido un taxi y dejo caer unos cuantos billetes de cien dólares más sobre la mesa para compensar la descortesía de Helen hacia nuestro camarero de esta noche.

***

Nuestro hogar es un último piso de 450 metros cuadrados con un techo de 4,6 metros y una vista perfecta del Océano Pacífico. Nunca me quedo en un lugar por mucho tiempo, así que este es solo un hogar temporal.

Soy el intermediario real entre el Palacio y el resto del mundo.

Tengo mi equipo, pero prefiero hacer ciertas cosas yo mismo. Me han enviado a resolver conflictos entre manadas entregando mensajes confidenciales del Rey a otros líderes, como esta noche, y viceversa.

Me encargo de todo lo que tenga que ver con asuntos de la realeza. En todo el mundo.

De camino al bar me quito la chaqueta, me aflojo la pajarita y me desabrocho unos cuantos botones superiores antes de quitarme los gemelos y arremangarme la camisa de vestir hasta los codos.

Me sirvo una copa, luego me acerco al sofá y abro el portátil para trabajar.

Mi teléfono suena en el bolsillo y lo saco para mirar la pantalla. Es uno de mis amigos, uno de los pocos de confianza, Louis de Vauquelin. La última vez que oí hablar de él estaba en Ibiza.

—Gideon, ¿dónde estás?

—Louis —respondo—, estoy en Los Ángeles. ¿Dónde estás tú?

—Sigo en Ibiza, pero ya no trabajo aquí.

Saco mi reloj de bolsillo y lo abro. Es casi medianoche, lo que significa que allí son casi las nueve de la mañana.

Dejo escapar una risita. ¿Trabajando?

—De fiesta, querrás decir. ¿Cuándo terminas de salir de fiesta?

Se ríe. —Bueno, no todos estamos trabajando duro las 24 horas del día como tú. A algunos nos gusta hacer algo que se llama… ¿vivir?

—Disfruto con mi trabajo.

—Sí, sí… eso dices, pero Los Ángeles suena bien en esta época del año. Iré a visitarte —dice.

—No, no te molestes. Me iré pronto de la ciudad. ¿Tal vez puedas encontrarte conmigo en Lisboa en unos días? Tengo algunos asuntos que atender, y una reunión con algunos líderes de manada allí.

—Me parece muy bien. Avísame cuando te vayas de Los Ángeles —dice antes de colgar.

LAYLA

—¿Es eso lo que llevas para la cena? —pregunta mamá, inspeccionando mis vaqueros rotos y mi jersey verde y grande.

El jersey tiene la cara de una vaca sonriente con grandes ojos saltones y las palabras “¿Tienes leche?”. También hay unos patos de aspecto malvado y algunas gallinas.

—¿Qué? ¡Es adorable! —digo a la defensiva.

De acuerdo, es feo… pero ella no necesita saber lo que realmente pienso de él.

Sus ojos se abren. —No. Quiero que te cambies ahora, Layla.

—¡Uf, mamá! —Me dirijo a mi armario. Tengo veintidós años, pero mi madre todavía me trata como a una niña pequeña.

Es triste, de verdad.

—¡No! Otro jersey feo no —dice mamá cuando mi mano se posa en una sudadera gris que era de mi hermano.

—Toma, ponte esto —dice, tomando el asunto en sus manos. Me da un vestido rosa claro que usé solo una vez.

De mala gana lo tomo y ella sale de mi habitación. ¡Ah! No puedo ganar.

Me mudé de casa para vivir entre humanos hace un año. Está a media hora del territorio de la manada, pero casi todos los fines de semana me hacen sentir culpable para que vuelva a cenar en familia con ellos.

Tal vez debería haber avanzado más.

Quiero a mi familia, pero su intromisión en mi vida se me está yendo de las manos.

Justo después de que termino de cambiarme, irrumpe en mi habitación.

¡Dios, lo que tengo que soportar!

—Ahora, siéntate, Layla —coloca una silla para mí frente al tocador. Intento no poner los ojos en blanco mientras tomo asiento.

—Eres una chica hermosa, cariño. ¿Por qué tienes que ocultarlo así?

Ambas miramos nuestros reflejos en el espejo. No me parezco mucho a mi madre. Mi madre es humana y mi padre es un hombre lobo.

—Tienes suerte de tener el bello gen del lobo —dice.

Quiero decirle que no tengo el gen de hombre lobo. Soy una humana… como ella. La única diferencia es que ella tiene un compañero que la ama. Yo no.

Sus ojos color avellana claro, el único rasgo que he heredado de mi madre, me miran fijamente, pero no digo nada.Me revuelve el pelo salvaje, castaño y rizado, y sacude la cabeza. Luego se dedica a amontonarlo en un moño suelto en la parte superior de mi cabeza. Solo me deja ir cuando está satisfecha con mi aspecto.

***

—Abuela, tu asiento está ahí. —Intento empujar suavemente a mi abuela para que se siente en su silla habitual.

Ahora está sentada en mi lugar, lo que significa que tengo que sentarme en la única silla disponible al lado del tipo con el que me están emparejando, Kofi: la razón por la que me había esforzado para parecer fea.

Pero ella se niega a ceder: —Ay, mi cadera. No creo que pueda levantarme ahora. Juro que pronto necesitaré una cadera nueva. Ahora, ¿qué has dicho, Layla querida?

Intento no asesinar a mi abuela de ochenta y siete años, la madre de mi madre. Vive con nosotros desde que mi abuelo murió, hace diez años.

También es una anciana astuta que en realidad está en plena forma, pero que finge, descaradamente, padecer todas las dolencias conocidas para salirse con la suya.

Esta noche están sentados a la mesa mi padre, mi madre, mi abuela, mi hermana pequeña Maya y su reciente compañero Abraham, mi hermano mayor Kaleb, su compañera Carmen, y Kofi.

Suspiro y admito mi derrota.

Me dirijo al otro lado de la mesa y me siento junto a Kofi. Kofi es el amigo de mi hermano mayor, que perdió a su compañero hace diez años.

Es casi un invitado fijo en esta casa cada fin de semana porque piensan que es perfecto para mí.

—Estás preciosa esta noche, Layla —dice Carmen —. ¿No crees que se ve hermosa, Kofi?

—Siempre está guapa —responde Kofi con una gran sonrisa.

Reprimo un gemido. Oh, Dios, ayúdame.

 

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2

LAYLA

No hay nada realmente malo con Kofi. Supongo que podría ser muy dulce, pero simplemente no lo siento.

Nací sin lobo, a diferencia de mis dos hermanos. No tener un lobo significa que hay una gran posibilidad de que no tenga una pareja como ellos.

Desde que mi hermana menor, Maya, encontró a su pareja hace siete meses, han redoblado sus esfuerzos para emparejarme con algunos chicos, especialmente con Kofi. La tortura es real.

—Oh, qué dulce —arrulla la abuela. La fulmino con la mirada, pero continúa—. Haríais unos bebés preciosos juntos.

¡Disparadme! ¡Disparadme ahora!

—¿No te he dicho que quiero al menos diez nietos?

Sé que todos me compadecen, pero creo que la abuela se une a la diversión solo para torturarme.

Hasta mi abuela tiene novio. Sí, es cierto, mi abuela tiene más acción que yo. Yo, una mujer de veintidós años, estoy recibiendo menos acción que su abuela de ochenta y siete años.

¿Qué tan triste es eso?

Mi hermana está cogida de la mano con Abraham, hablando en voz baja y riéndose. Esto me recuerda por qué decidí mudarme.

Pronto, mi madre y mi padre cuchichearán, Kaleb y Carmen tontearán.

Es la sede central de los cariñitos.

Lo único que podría mejorar esto es que la abuela traiga a su novio a cenar la próxima vez y empiece a actuar de la misma manera.

¡¡¡Ahhh!!!

La imagen me destroza el cerebro.

—Layla —dice Kofi, tomando mi mano entre las suyas—, realmente estás muy guapa. Agradezco el esfuerzo que has hecho para estar más guapa para mí esta noche.

Oh, no…

***

Siento unos dedos fríos deslizándose por el dorso de mi mano y los alejo con un sobresalto. La mano de Kofi se retira, por ahora, pero Carmen se asoma rodeando a mi hermano para mirarme.

Esa mirada.

Es la mirada que podría meterme en problemas después si se lo dijera a mi madre.

Ahora estamos en una sala de cine a oscuras y trato de concentrarme en lo que ocurre en la pantalla. Están poniendo Fantastic Beasts: Los Crímenes de Grindelwald.

Cuando le prometí a mi madre que le daría una oportunidad a Kofi, no incluí manoseos ni darse de las manos románticamente.

Vamos en una cita doble con mi hermano Kaleb y su compañera Carmen, de entre todas las personas.

Carmen es parte de mi familia desde hace más de diez años, así que es más o menos como mi propia hermana.

Una hermana molesta, la mayoría de las veces.

Tiene buenas intenciones, pero es tan entrometida como todos los demás en mi familia.

Kofi me pasa el brazo por el hombro y lo vuelvo a apartar de un manotazo.

Carmen me lanza otra mirada de advertencia y yo resoplo. De todos modos, no quiero estar aquí, pero ya que he cedido, una vez más, lo menos que pueden hacer es dejarme disfrutar de la película.

Pero noooo… el señor Manos Agarradas decidió que quiere ser tocado.

Todavía me arrepiento de lo que ha pasado esta mañana cuando le dije a mi familia que después de comer me iba a ir a la ciudad.

Debería haberme ido justo después del desayuno… o escabullirme antes de desayunar.

Vi cómo mi madre deslizaba una mirada hacia Carmen antes de que esta última “sugiriera” casualmente que debía ir con Kofi a una cita doble con Kaleb y ella.

Debí haber sabido que unirían sus fuerzas para que yo aceptara. La culpa de todo la tiene mi barriga.

Al principio me mantuve firme y me negué a participar en su alocado plan de emparejamiento, pero entonces sacaron la artillería pesada: mi padre.

Mi padre deliraba sobre la suerte que tenía de que un Gamma como Kofi se interesara por mí cuando tantas otras mujeres lobo sin pareja se interesaban por él… según el propio Kofi.

Mi padre intentó hacerme sentir culpable por haberme mudado tan lejos de la manada (solo a media hora de distancia).

Contó cómo los hijos de sus amigos de mi edad están todos emparejados con bebés, y cómo los bebés de sus bebés pronto estarán teniendo bebés.

¿¡Quéeee!? ¡No es cierto!

No paraba de hablar de que su corazón y sus pulmones, y sus riñones o cualquier órgano que se le ocurriera, iba a colapsar debido al estrés al que lo sometía yo por no tener pareja ni estar bajo el cuidado de alguien.

¿Reina del drama?

Finalmente, acepté la cita. ¿Qué puedo decir? Él es un poco dramático… y yo soy una pusilánime.

Oí a la abuela reírse de fondo cuando cedí. Juro que esa octogenaria vive para verme sufrir.

Me desplomo en mi asiento cuando la película llega a su fin. Después de innumerables manotazos y un sinfín de miradas de Carmen, cedo. Dejo que Kofi me coja la mano. Parece feliz.

Me rindo. Ni siquiera sé si la película ha sido buena.

Todo el mundo parece feliz cuando salimos del cine. Bueno, todos menos yo.

Kofi me pone una mano en la espalda y sonríe triunfalmente a mi hermano y a Carmen.

Yo pongo los ojos en blanco. Paso de todo.

Dejo que me coja de la mano cuando llegamos al puesto de venta. No es que me vaya a emparejar con él mañana.

¿Verdad?

—¡Eh, Carmen! —grita alguien entre la multitud de personas que hace cola para comprar las entradas y los bocadillos.

—¡Oh, Dios mío! Chicas, ¿qué estáis haciendo aquí? —grita Carmen emocionada, corriendo a abrazar a sus amigas. Resisto la tentación de poner los ojos en blanco… otra vez. Han venido a ver una película, obviamente. No hay duda. Seguro que la última vez que se vieron fue esta mañana.

Este cine está en una pequeña ciudad, una zona neutral, justo fuera del territorio de la manada. Hay muchos humanos y hombres lobo jóvenes, tanto de nuestra manada como de la manada vecina, que vienen aquí a cenar, al cine o a la discoteca.

—¡Hola, Kofi! —dice una de las mujeres allí presentes.

—¡Oye, Kofi! —dice otra.

Guau, realmente es popular con las damas.

Las mira con una gran sonrisa, pero cuando se da cuenta de que lo estoy observando, su sonrisa se vuelve tímida y con una pizca de culpabilidad. Se rasca torpemente la parte posterior de su cabeza afeitada.

Bueno, es muy atractivo con su piel lisa y morena, su complexión alta, su personalidad encantadora, su bigote fino y su perilla, y esa gran sonrisa. Como he dicho, no hay nada malo en él.

Simplemente no me produce nada a mí.

No hay ninguna chispa por mi parte. Tal vez sea yo la que está rota.

—Kofi tiene una cita con Layla esta noche —dice Carmen con orgullo, como si hubiera conseguido algo. La sonrisa de una de las muchachas se atenúa considerablemente.

—Tengo que ir a casa ahora —les recuerdo—, mañana tengo clase. —Tengo una clase mañana, pero no empieza hasta el mediodía.

Sin embargo, no es necesario que lo sepan.

—Sí, mmm… será mejor que lleve a Layla a casa —dice Kofi —. Hasta luego, Kaleb. Chicas.

—Lleva a mi hermana a casa con tranquilidad, Kofi. —Kaleb le lanza una mirada de advertencia.

—Sí, claro, tío —responde Kofi mientras les doy un abrazo de despedida a Carmen y Kaleb.

—Me lo he pasado muy bien esta noche, Layla —dice Kofi después de frenar el coche delante de mi casa.

Oh, estoy segura de que así fue.

Ha estado hablando sin parar en el coche, sobre todo de sí mismo. La verdad es que no me ha importado. Me ha dado tiempo para pensar en todas las cosas que tengo que hacer mañana y planificar el día siguiente.

Todo lo que he tenido que hacer ha sido decir la respuesta adecuada mientras él hablaba, como: “ajá”, “oh, en serio”, “guau”, “ok”, “interesante”.

—Eres una gran oyente, Layla —sus dientes brillan blancos en la oscuridad. Me pregunto qué blanqueador de dientes habrá usado.

—Ajá.

—Las otras chicas sin duda no están a tu altura —dice.

—¿Ah, no? —respondo, todavía escuchando a medias.

—Me gusta alguien que no sea fácil. Alguien con clase pero tímida, y que se haga la difícil, ¿sabes? —me mira significativamente—. Lo sé, debajo de toda esa fachada de reina fría, te gusto.

Espera. ¿Qué?

—Ya puedes dejar de actuar. Tienes mi atención, niña. Sé que te sientes atraída por mí tanto como yo por ti. Eres la única para mí.

¿Qué dices? Oh Dios, eso suena como una canción súper mala y cursi.

Quiero echarle la bronca, pero tampoco puedo, por miedo a la ira de mi madre. Así que acabo mirándole con preocupación mientras me muerdo el labio inferior, pensando en qué decir.

Tengo que manejar esto con delicadeza. Si lo hago mal, estaré recibiendo llamadas de mi madre toda la noche. Ella es implacable.

Con delicadeza, claro.

—Eh, Kofi… no soy tímida, y no me hago la difícil —le digo —. Me gustas.

Su sonrisa se amplía.

—Lo que quiero decir es que no me desagradas. Pero no me gustas como… como tú, ya sabes. Yo…

De repente, se abalanza..

¿¡Quéee!?

Giro la cara justo a tiempo para que sus labios se estrellen contra mi mejilla. Su mano sube para agarrarme la barbilla y girar mi cara hacia él, pero le golpeo la frente, el pecho y todo lo que mis manos pueden alcanzar.

—¡Ay, Layla! ¡Ay! ¡Ay! —grita.

—¡Compórtate, Kofi! —le regaño. Me limpio la mejilla y salgo del coche muy rápido, como si me ardiera el culo.

—Oh, vamos, Layla. No seas así —dice.

—¡No me digas “vamos, Layla”! —le grito a la ventana antes de pisar fuerte en el pequeño camino de entrada—. ¡Diablos! ¿En qué se ha convertido el mundo?

Sigo refunfuñando mientras introduzco la llave con fuerza en la cerradura.

Ahora estoy cabreada. ¡Tan cabreada!

 

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