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Mi sexy hermanastro es un hombre oso

La noche de la mayor fiesta del último curso, a Helen no le apetece asistir a la boda de su madre con un montañés canoso de Bear Creek. Hasta que conoce a Sam, el montañés más sexy del mundo, que por desgracia es también su hermanastro. A pesar de ser polos opuestos y estar recién emparentados, los dos se sienten atraídos mutuamente. Pero a medida que se acercan, Helen descubre algo: Sam tiene un secreto que no puede ocultar…

Calificación por edades: 18+

Autor original: Kelly Lord

 

Mi sexy hermanastro es un hombre oso de Kelly Lord ya está disponible para leer en la aplicación Galatea. Lee los dos primeros capítulos a continuación, o descarga Galatea para disfrutar de la experiencia completa.

 


 

La aplicación ha recibido el reconocimiento de la BBC, Forbes y The Guardian por ser la aplicación de moda para novelas explosivas de nuevo Romance, Science Fiction & Fantasy.
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1

Sinopsis

La noche de la mayor fiesta del último curso, a Helen no le apetece asistir a la boda de su madre con un montañés canoso de Bear Creek. Hasta que conoce a Sam, el montañés más sexy del mundo, que por desgracia es también su hermanastro. A pesar de ser polos opuestos y estar recién emparentados, los dos se sienten atraídos mutuamente. Pero a medida que se acercan, Helen descubre algo: Sam tiene un secreto que no puede ocultar…

Calificación por edades: 18+

Autora original: Kelly Lord

HELEN

Se presentó ante mí, desnudo.

Un modelo de virilidad que hizo que el David de Miguel Ángel pareciera un ridículo muñequito de palo.

Recorrí su fuerte cuello… Sus abultados bíceps… Sus marcados abdominales…

El largo apéndice que cuelga entre sus piernas…

Tuve que cerrar la boca para no babear.

Miré su rostro. Bajo una cabeza de pelo rubio como un ángel, sus ojos oscuros, sin parpadear, recitaban sonetos de Shakespeare.

Cantaron álbumes enteros de Ed Sheeran.

Me quería a mí.

Y él podría tenerme.

Aquí mismo, en medio de la clase, para lo que me importa.

Frustrada por la lujuria, me acerqué.

En mi lengua, el nombre de mi amante sabía como el primer bocado de un helado de chocolate caliente…

—¡PROFESOR HAMMOND!

La voz de Brittany, que tenía un timbre a medio camino entre las uñas en una pizarra y un chihuahua moribundo, me devolvió súbitamente a la realidad.

Estaba en clase de arte, rodeada de compañeros de último curso, dibujando el modelo desnudo que teníamos delante.

Miré mi propio boceto sobre el escritorio…

Oh no. No, no, no, no, no…

Brittany cacareó detrás de mí mientras intentaba disimular lo que había hecho.

—¡HELEN DIBUJÓ AL PROFESOR HAMMOND! ¡OH DIOS MÍO!»

Las risas estallaron en la sala mientras todos se acercaban para ver mi dibujo.

Era cierto. Había estado distraída, fantaseando con el guapo profesor Hammond, y había dibujado accidentalmente su cabeza en el cuerpo del desnudo.

Oh, mierda…

Y aparentemente también le había dibujado una polla enorme.

Helen, ¿qué te pasa?

Me moví a través de un espectro de rojos cuando el profesor Hammond, nuestro guapo instructor que llevó el porno de profesores a la cima de mi historial de navegación, se levantó de su escritorio y se dirigió hacia mí y Brittany.

—Calmaos todos. Todavía nos queda media hora de clase. Volved a vuestros… eh… propios…

Apreté los ojos ante las risas reprimidas de mis compañeros.

No quería ver la expresión del Sr. Hammond cuando viera mi boceto; quería que Dios me fulminara con un rayo.

—No está mal —dijo el señor Hammond en voz baja. Se quedó en silencio un momento y me di cuenta de que no respiraba.

—Pero la próxima vez, Helen… por favor, sigue el encargo.

***

A las tres y media, salí corriendo del aula, con la cabeza metida en el cuerpo como la de una tortuga.

Mi némesis de la infancia me había avergonzado de nuevo.

Brittany Childress había estado convirtiendo mi vida en un infierno desde el primer año de instituto, y a pesar de que ambas estábamos en el último año de la Universidad Estatal de Boulder, a un semestre de la verdadera edad adulta, muy poco había cambiado.

En realidad, solíamos ser amigas en la escuela secundaria, pero desde que sus padres se habían separado, se había convertido en la mayor zorra del mundo para mí. No tenía ni idea de por qué. Yo tampoco tenía padre, pero nunca me habrás visto desquitándome con la gente.

Ya podía ver a Brittany a mi alrededor, ajustándose mechones de pelo rubio perfecto mientras se burlaba en mi dirección. Pronto toda la escuela sabría de mi nuevo boceto.

Maldita puta. Deseo que sus tetas exploten.

Claro, todas las estudiantes de arte deseaban follarse al profesor Hammond —algunos de los chicos también— pero ninguno lo había dibujado desnudo. Al menos no en público.

El aire cálido y aromático relajó mis nervios cuando salí al patio. Era nuestro último día de clases antes de las vacaciones de primavera, y lo más probable es que todo el mundo olvidase el episodio para cuando volviéramos a la escuela.

Espero.

— ¡Helen!

Me estremecí instintivamente al oír mi nombre.

¿Las noticias han viajado tan rápido?

¿Soy tendencia o algo así?

No me extrañaría de Brittany y sus malvados dedos en Twitter; era realmente una zorra del siglo XXI.

Me giré para ver quién me había llamado, y al ver a Emma caminando desde el centro de estudiantes, respiré aliviada.

Simplemente era mi mejor amiga..

— ¿Qué pasa, nena?—preguntó Emma, estudiándome—. Pareces tensa. ¿Todavía estás enfadada por perderte mi fiesta este fin de semana?

Emma estaba planeando una gran fiesta en el apartamento de sus padres la noche siguiente. Estaban de crucero en México, así que tendríamos el lugar para nosotros solos.

Bueno, yo no estaría.

—Quiero decir… no —hice un mohín—. Pero también, sí. ¿Por qué mi madre tuvo que elegir este fin de semana para casarse? Quiero enviarlo todo a la mierda. Lo necesito después de hoy.

—Me enteré de lo del profesor Hammond.

—¡¿Qué?! ¿Cómo has…?

—Brittany lo publicó en su historia de Instagram —dijo Emma encogiéndose de hombros—. Por si te sirve de algo, dibujaste una gran polla.

—Sí, yo y Picasso —refunfuñé.

Genial. Brittany sólo tiene alrededor de mil seguidores.

—Oye, mira el lado bueno —dijo Emma mientras cruzábamos el campus hacia nuestro dormitorio—.Seguramente te tirarás a algún paleto guapo este fin de semana.

—Ya se lo he preguntado a mi madre, y habrá exactamente cero posibilidades en la boda. A menos que cuentes a mi hermanastro.

—Ooh, ¡suena excitante! Emma se rió—. Igual que todo el porno que ves.

Me limité a poner los ojos en blanco.

El porno es una fantasía. Esto es la vida real.

—No puedo creer que mi madre se case con alguien con quien sólo empezó a salir hace seis meses. Quiero decir, ¡ni siquiera he conocido al tipo! Es tan poco ella.

Mamá nunca había hecho nada impulsivo en su vida. Se ganaba la vida vendiendo artesanía en Etsy. La quería mucho, pero no era del tipo espontáneo.

—El amor hace que la gente haga locuras —dijo Emma—. O tal vez sólo tiene una polla muy grande. Tal vez incluso más grande que la del profesor Hammond…

—¡Qué asco! —grité, tapándome los oídos—. ¡No quiero pensar en mi madre con su viejo y sucio montañés!

Nos reímos como si fuéramos estudiantes de secundaria mientras pasaba mi tarjeta de acceso e íbamos hacia nuestro dormitorio.

Emma siempre me hacía sentir mejor.

***

Recogí mi fiel y oxidado Corolla. Bear Creek estaba en medio de la puta nada, y mamá me hacía pasar todas mis vacaciones de primavera allí.

Una semana, según mamá, que se llenará de senderismo… acampada… natación… naturaleza…

En otras palabras, todo lo que odiaba.

Yo era una chica de ciudad. Me gustaba salir de fiesta. Publicar mis almuerzos en Instagram. Pasar el rato en pijama y ver Netflix.

No tenía ganas de pasar mis últimas vacaciones escolares en las montañas como un paleto.

Cerré el maletero, algo reconfortada por el hecho de que estaba lleno de todos mis aperitivos favoritos, junto con unos cuantos vodka Smirnoff.

Necesitaba «algo» que hacer en caso de que Jack no tuviera Internet en su cabaña o lo que fuera.

Mientras caminaba hacia el lado del conductor, vi a dos tipos que se acercaban a mí.

Uno de ellos era Chris.

Mierda.

El corazón me dio un vuelco en el pecho.

Estaba enamorada de Chris desde el primer año. Ahora que las clases estaban terminando, tenía esa sensación de «ahora o nunca». Se nos estaba acabando el tiempo para estar juntos. No es que yo pensara de verdad que eso fuera a suceder.

No tenía ninguna posibilidad. Chris era moreno, jugaba en el equipo de squash y tenía los dientes más blancos que la nieve del ártico. Sus padres eran ricos porque su padre dirigía una empresa farmacéutica o algo así, y tenían una casa de esquí en Vail.

¡Vail!

Yo no era la chica más fea del campus, pero siempre me había sentido como si estuviera a un Bollycao de distancia del campamento para gordos. Mis curvas me acomplejaban.

Si a eso le añadimos que mi madre se había mudado recientemente a lo que probablemente era una glorificada casa de dos pisos en el campo, posiblemente yo no parecía una gran candidata para la chica más atractiva del campus.

Estaba segura de que había oído lo que había pasado hoy en la clase de arte. Esa serpiente de Brittany tenía algo con Chris, y sabía que yo también. ¡Siempre! estaba buscando maneras de sabotearme.

—¿Adónde vas, Helen?

Chris se acercó a mí, con su compañero Sean a cuestas. Nunca había entendido por qué Chris salía con un tipo tan raro; probablemente se sentía mal porque Sean nunca conseguía chicas.

Miamor platónico tiene un corazón de oro.

Me apoyé en mi coche, intentando parecer informal. Intenté esconder mis manos temblorosas en los bolsillos de mis vaqueros, pero entonces recordé que mis malditos jeggings no tenían ninguno.

—Voy a conducir hasta las Rocosas para la boda de mi madre.

—Las Rocosas, ¿eh? —Chris sonrió. Sus dientes casi me cegaron —. Sabes, mis padres tienen una casa en Vail. ¿Algún lugar cerca de allí?

—No, um… no Vail dije, tropezando con mis palabras.

—¿Asen? —Sean preguntó.

—Voy… voy a Bear Creek.

Sentí que mi cara enrojecía. Gracias a Dios estaba oscureciendo.

Chris levantó una ceja. —¿Bear Creek? ¿De verdad?

Asentí con la cabeza. Frunció el ceño e intercambió una mirada con Sean. Estaba seguro de que luego se reirían de esto.

—Entonces, supongo que no estarás en la fiesta de Emma… —dijo.

¿Me estaba volviendo loca, o sonaba…

¿Decepcionado?

—No, esta vez no —dije.

Chris asintió, animándose. —Bueno, que descanses. Nos vemos cuando volvamos.

Me envolvió en un abrazo. Casi me derrito en sus brazos.

—Sí… Nos vemos —logré decir—. Diviértete mañana.

—¡Nos van a destrozar! —Sean se rió, con una sonrisa dentada debajo de su nariz de cerdo. Olía a agua de pipa de una semana.

—Cuidado con los osos ahí arriba —advirtió Chris en broma.

Me reí. —Lo haré.

Volvió a esbozar su millonaria sonrisa y se dio la vuelta para marcharse. Me dejé caer en mi coche, desmayada.

¿Soy yo, o Chris y yo estábamos… como… vibrando?

Tenía que estar imaginándolo.

…¿Verdad?

¡Joder!

¿Por qué voy a Bear Creek en lugar de la fiesta de Emma?

Giré la llave en el contacto, escuchando cómo el Corolla cobraba vida.

Las cosas que hice por mi madre…

***

Un par de horas más tarde, estaba conduciendo por oscuras carreteras de montaña, totalmente perdida. Al parecer, Bear Creek no estaba sólo en medio de la nada, sino que era el fin de la maldita Tierra.

No había visto otro coche en kilómetros, y mucho menos una gasolinera o un McDonald's. Así que no hubo puesta de sol con McFlurry para mí.

Aquí arriba no había farolas. Ni postes de teléfono. Ni barandillas. Nada a ambos lados de mí, sólo árboles. Árboles y árboles y más malditos árboles.

Vi un destello amarillo en la oscuridad. ¡Una señal de tráfico!

Tenía que encontrarme con mi madre en un desvío, pero no tenía cobertura aquí arriba, y mi GPS también había dejado de funcionar.

¿Me estoy acercando a Bear Creek Lane?

Mierda si lo sé.

Reduje la velocidad al acercarme al cartel, entrecerrando los ojos en la oscuridad para distinguir las palabras…

CUIDADO CON LOS OSOS

¡¿Osos?! Por el amor de Dios.

Pensé que Chris estaba bromeando.

A medida que avanzaba, la carretera se volvía más estrecha. Más viento.

Las imponentes Montañas Rocosas cubrían el brillo de las estrellas y la luna. La oscuridad era total.

¿Dónde estoy?

Cada vez más nerviosa, bajé el volumen del disco de Camila Cabello que había estado escuchando. La música se estaba convirtiendo en una distracción a medida que la conducción se hacía más difícil.

Al tomar otra curva, vi movimiento en mis faros. Me asusté y frené.

Oh mi puta madre…

Mis manos apretaron el volante cuando una enorme sombra surgió del bosque…

¡Y un maldito Oso Pardo se metió en medio de la carretera!

La bestia peluda se detuvo frente a mí, mirando al Corolla con sus ojos brillantes.

Santo infierno.

¡Me estaba mirando fijamente!

 

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2

HELEN

El oso pardo se acercó al Corolla. La gran bestia peluda era casi del tamaño de mi coche.

Mis ojos se dirigieron a las gruesas garras blancas del tamaño de un hueso deslizándose sobre el asfalto agrietado.

Las mandíbulas amarillas brillaban con saliva.

Los ojos negros me observan detrás de su hocico olfateador.

Me está oliendo, me imaginé.

No podía respirar.

¿Estoy a punto de convertirme en la cena de un oso pardo?

Esa era una comida que no quería publicar en Instagram.

El oso se detuvo frente a mi parachoques, babeando sobre el capó…

Quería cerrar los ojos, pero no podía apartar la mirada…

Y luego….

Sorprendentemente…

El oso se alejó de mi coche… y se adentró en el bosque.

Esperé diez segundos, treinta segundos, lo que me pareció un minuto entero antes de tomar por fin aire.

Esta será mi primera y última visita a Bear Creek, me prometí a mí misma. Boda o no, mamá me debe mucho.

Apreté el acelerador y seguí avanzando por la carretera, con los ojos clavados en cada curva en busca de señales de mi peludo amigo.

Entonces, más adelante, mis faros iluminaron otra señal de tráfico.

¿Era otra advertencia para tener cuidado con los osos? En mi humilde opinión, en este tramo de carretera podrían haber utilizado más de esos.

Sin embargo, al acercarme, reconocí que era el equivalente campestre de una señal de tráfico. Exhalé aliviada.

Había encontrado Bear Creek Lane.

Gracias, Dios. Gracias, Jesús. Gracias, Alá, Buda, Beyoncé…

Reduje la velocidad. Una vieja camioneta estaba aparcada debajo de la señal. Sus faros se encendieron cuando me acerqué. Una mujer delgada y de mediana edad se asomaba a la ventanilla, saludando frenéticamente…

¡Mamá!

Aparqué junto al camión. Mamá ya estaba esperando para abrazarme cuando salí del coche.

—¡Oh, cariño! Lo has conseguido! —chilló.

—Por poco —dije, apretando su espalda—. ¿Qué pasa con la camioneta?

Mamá solía conducir un Kia. ¿Qué hacía ella con este destartalado automóvil de paletos?

Miró detrás de ella. —Jack quería que llevara su camión de trabajo. No tengo tracción a las cuatro ruedas, y nunca se sabe con qué te vas a encontrar aquí, especialmente de noche…

—¿Te refieres al Grizzly gigante que casi se come mi Corolla?

—Oh, son inofensivos —dijo mi madre, con una mirada descarada— Tienen más miedo de ti que tú de ellos.

—Te llevaré a la cabaña —dijo, subiendo a la camioneta de Jack. Asentí y volví a entrar en el Corolla.

Vale. La cabaña.

Me sentí como la protagonista de una película de terror para adolescentes.

Vacaciones de primavera en una cabaña en el bosque. ¿Qué podría salir mal?

Me armé de valor cuando las luces traseras de mamá comenzaron a bajar por Bear Creek Lane.

La semana más inútil de mi vida había comenzado oficialmente.

Seguí detrás de la camioneta mientras serpenteábamos por Bear Creek Lane, que resultó ser un camino de tierra plagado de rocas y baches.

Si mamá no hubiera estado allí, probablemente nunca lo habría visto. La entrada al desvío estaba completamente oculta por los arbustos de mora.

Al principio, los bosques circundantes eran tan densos y oscuros como lo habían sido en la carretera.

Sí. Este lugar tenía escrito «Viernes 13» por todas partes.

Pero entonces vi luces entre los árboles. Las ventanas brillantes de casas —enormes— que no estarían fuera de lugar en alguna ciudad turística como, bueno…

Vail.

Esto fue un acontecimiento interesante. Pensaba que sólo los pueblerinos vivían aquí.

O tal vez Jack es el único” pensé, mirando hacia adelante a la camioneta de mierda.

Seguí a mamá por un largo camino lateral.

Whooooooaaaaaa….

Era un camino de entrada, no un camino lateral. Y la casa a la que pertenecía era gigantesca, más grande que cualquiera de las que habíamos pasado. Parecía una especie de lujosa casa de esquí para retiros corporativos: todo madera y cristal.

¿Es Jack el jardinero o algo así?

Mamá aparcó en un garaje para cinco coches, entre su viejo Kia y un gigantesco todoterreno, y me indicó que fuera a una de las plazas libres. Después de aparcar, salí del Corolla, asombrada por el tamaño del espacio, que era fácilmente tres veces mayor que el dormitorio que compartía con Emma.

Mamá sonrió. —¡Aquí está! Mi hogar, dulce hogar.

—¿Jack corta el césped aquí o algo así? —Mis ojos se posaron en un par de motos acuáticas que descansaban en un remolque en el otro extremo de la habitación. Mamá se rió.

—¡No, tonta! Esta es su casa. La construyó con sus propias manos.

¿Y ahora qué?

Me sorprendió.

¿La construyó él mismo? Mierda, incluso así debe haber costado una fortuna. ¿Es Jack una especie de paleto millonario?

—Pensé que habías dicho que hacía muebles…

—¡Yo hago muebles! —dijo una voz atronadora.

Un tipo grande y corpulento vestido de franela crujiente cogió de repente a mi madre en sus musculosos brazos. Ella gritó de risa.

—¡Helen, te presento a Jack! —dijo mamá mientras el hombre, que debía de ser Jack, la bajaba. Me tendió la mano para estrecharla.

—Ponla ahí, Helen. Me alegro de conocerte por fin.

Levanté la vista hacia sus ojos plateados y su rostro amable, todo arrugado en las sienes.

Oh. Dios. Mio

Jack era un encanto total.

Tenía una sonrisa juvenil y una barba oscura salpicada de canas. Llevaba el pelo largo recogido en un moño desordenado y sus músculos amenazaban con salirse de la camisa en cualquier momento.

Muy bien, mamá.

Por otra parte, ella tampoco se quedaba atrás en el aspecto físico. Tenía poco más de cincuenta años y seguía teniendo un cuerpo esbelto; mis curvas venían sin duda del lado de papá.

Nunca, nunca, nunca quise pensar en mamá en el dormitorio, pero cualquiera con ojos podía ver que era una MILF total.

Ambos eran afortunados.

—Encantada de conocerte también —le dije a Jack con sinceridad.

Miré por encima de sus hombros de jugador de fútbol, o al menos lo intenté, a mamá, lanzándole una sutil mirada de aprobación. Ella se sonrojó.

—¿Podemos darte el gran tour? —preguntó Jack, ofreciéndome el brazo. Lo cogí.

—Por supuesto—dije, lanzando otra mirada a mamá.

¿Rico, caliente y educado?

¡Mama mia!

***

Jack y mamá me llevaron por toda la casa, que parecía aún más grande por dentro que por fuera. Jack tenía una cocina enorme, un salón enorme, varios dormitorios enormes…

Todo parecía estar construido para un gigante.

La feliz pareja bromeó y sonrió todo el tiempo. No podía creer que hubiera dudado de la elección de mi madre. Eran perfectos juntos, en el amor y en los negocios.

Después de todo, se habían conocido en una feria de artesanía. Jack había venido con sus muebles, y mamá con las colchas, mantas y cojines de su sitio de Etsy.

Ahora trabajaban juntos: Jack seguía haciendo sus muebles, pero ahora mamá los tapizaba. Al parecer, sus colaboraciones se vendían como churros.

Después de la visita, Jack se preparó para salir. Iba a reunirse con su hijo Sam y algunos amigos en el bar local para una noche de chicos.

Nos dijo que no esperáramos despiertas, así que parecía que conocería a Sam a la mañana siguiente. Si se parecía en algo a su padre, estaba segura de que estaría bien.

Jack y mamá compartieron un dulce beso antes de que él se fuera.

—¡Buenas noches, señoras! —dijo, saludándome con la mano.

—¡No bebas demasiado! —le advirtió mamá.

Él frunció el ceño. —¿Quién? ¿Yo?»

Mamá puso los ojos en blanco. Jack me guiñó un ojo, silbando inocentemente mientras salía por la puerta.

Mamá se volvió hacia mí, sacudiendo la cabeza. —Debes estar cansada, cariño. Te hemos preparado la habitación de invitados arriba si quieres dormir un poco.

—¿Dormir? ¿Estás bromeando? —Le dediqué una sonrisa traviesa—. Mamá, te vas a casar mañana. Vamos a beber.

***

Veinte minutos después, estaba en la cocina mezclando mi Smirnoff con un poco de Coca-Cola que mamá y Jack tenían en la nevera. Mamá frunció el ceño mientras le servía.

—Cariño, sabes que no bebo mucho.

—Exactamente. Es una ocasión especial.

Levanté mi vaso de la isla de la cocina.

—Por Ellie y Jack —dije.

¡Clink!

Bebimos a sorbos. Mamá puso cara de circunstancias.

Claro que Coca-Cola con vodka no era el cóctel con más clase, pero era mi favorito; no trataba de impresionar a nadie aquí en el bosque.

—¿De verdad le quieres, mamá? — pregunté, el alcohol me aflojó inmediatamente después de un día tan largo.

Ella asintió. —De verdad que sí. Nunca me siento más segura que cuando estoy envuelta en su abrazo de oso. —Sonrió para sí misma.

—Es lo mejor que me ha pasado desde, bueno… tú.

—Gracias, mamá.

Sus palabras me calentaron el corazón. Mamá y yo nos habíamos quedado solas desde el accidente de mi padre. Con su seguro de vida, teníamos bastante para vivir, pero mamá se había convertido en una persona introvertida.

Incluso cuando empezó su negocio, rara vez salía de casa, a menos que tuviera que recoger material de costura o asistir a alguna feria de artesanía.

Siempre ha sido algo solitaria, y a veces me preocupaba que acabara sola en su vejez.

Conocer a Jack había puesto fin a esas preocupaciones.

—Entonces, ¿te gusta estar aquí arriba? —pregunté, saliendo a la sala de estar. Las paredes estaban decoradas con material de acampada antiguo: raquetas de nieve y cañas de pescar. Un candelabro de cuernos colgaba del alto techo.

—Es un gran cambio respecto a Boulder —respondió mamá, dejándose caer en un gran sofá a cuadros cerca de la chimenea de piedra.

Me uní a ella, mirando hacia el enorme patio a través de la pared de cristal que formaba parte de la habitación.

—Sé que parece remoto —continuó —. Pero he disfrutado de estar aquí en la naturaleza. La vida es mucho más sencilla sin Wi-Fi ni servicio móvil.

—¿No hay Wi-Fi? —grité, incrédula. Mamá se limitó a sonreír.

—Lo siento, cariño.

Suspiré. —¿Qué diablos hacéis para divertiros entonces?

Mamá se encogió de hombros. —Cuando me mudé aquí este invierno, hacíamos raquetas de nieve y excursiones. A veces nos sentamos dentro y leemos junto a la chimenea…

Una mirada vidriosa se apoderó de ella mientras miraba la chimenea.

Me imagino que habrán hecho mucho más que leer unos cuantos libros durante las largas y frías noches de invierno.

¡Eeeeeew! ¡Saca tu mente de la alcantarilla, Helen!

—¿Salís o algo así? —pregunté, cambiando de tema. La expresión lejana desapareció de la cara de mamá.

—Oh, eh…—tropezó —. No, no salimos mucho de casa. Jack va a la ciudad cuando necesitamos algo, y yo siempre estoy tan ocupada con el trabajo, o la cocina, o las tareas domésticas…

—¿Te está haciendo trabajar? —pregunté. No me gustaba cómo sonaba eso. No quería que mi madre se convirtiera en una criada.

Puede que fuera una persona hogareña, pero no era un ama de casa.

—Nada de eso. Compartimos las tareas. Es sólo que…—su voz se apagó mientras buscaba las palabras adecuadas —. Me gusta mucho esta casa.

Bueno, eso sí que tenía sentido. El lugar era un maldito palacio.

—Te va a gustar mucho Sam —dijo mamá después de otro sorbo de su bebida—. Vive aquí con nosotros. Ayuda a Jack a construir los muebles.

—Genial —dije—. ¿Dónde fue a la universidad?

—En realidad, fue a trabajar con Jack justo después de la escuela secundaria.

—Oh. Eso es… también genial.

¿No fue a la universidad? ¿Y no tenía Wi-Fi o servicio celular?

Hmmmm…

Tal vez Sam no era tan genial. Si no tuviéramos historias universitarias o Netflix en común, ¿de qué demonios tendríamos que hablar? ¿Árboles y rocas?

Ronquidoooo.

—Tengo muchas ganas de conocerlo mañana —dije, tratando de ser cortés. Por suerte, mamá ya se estaba emborrachando y confundió mi tono como genuino.

—Será el hermano mayor que siempre has querido — dijo, arrastrando las palabras.

—Ajá.

Lo que tú digas, mamá.

***

Aquella noche, mamá y yo nos bebimos una botella entera de Smirnoff. No la había visto desde Navidad, y su vida había sido un torbellino desde entonces, con la propuesta y la mudanza y todo eso.

Al final de la velada, me sentí más cerca de ella que en mucho tiempo.

Pero por la mañana, me sentía más cerca de la muerte.

Tenía una resaca de cojones.

Saliendo a trompicones del dormitorio de invitados, parpadeando a la luz de la mañana, sólo llevaba puesta una camiseta grande y raída de Boulder State y las bragas de ayer, pero me importaba una mierda: necesitaba hidratación, pronto.

Bajé las escaleras hasta la cocina y llené un vaso en el fregadero. El agua era tan pura y refrescante, probablemente de algún tipo de glaciar de las Montañas Rocosas o algo así. Me sentí resucitada.

Volví a llenar mi vaso y me apoyé en el fregadero, observando una nota adhesiva en la isla de la cocina.

Consiguiendo miel. Volvemos pronto. Amor, Ellie + Jack

¿Miel? ¿Eh?

Estaba demasiado aturdida como para pensar en ello. Me acerqué a la nevera para ver qué podía conseguir para desayunar. Las resacas siempre me dan hambre.

Entonces, ¿qué no hice?

Tarareé esa canción de Camila Cabello, moviendo el culo al mismo tiempo que sacaba unos huevos con bacon.

Justo lo que recetó el médico.

—Buenos días, señorita —se rió una voz grave.

Me quedé helada.

Eso no sonaba a Jack.

Así que tenía que ser…

Cerré la puerta de la nevera.

Apoyado en la puerta de la cocina.estaba. Jack, o al menos, el aspecto que habría tenido Jack con treinta años menos, semidesnudo, y con la sonrisa más presumida que jamás había visto.

No podía dejar de mirar esos abdominales… Ese pecho…

Uh-oh.

Esto fue mucho peor de lo que esperaba.

Mi nuevo hermanastro…

…¡era un dios del sexo!

 

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Asume el riesgo

Kara es la típica estudiante de último año de instituto. No es popular, pero tampoco es una solitaria. Tiene un novio, Adam… hasta que lo descubre engañándola. Ahora quiere olvidarse de él, pero él no sale de su vida. Entonces, en una fiesta, él se pone violento con ella. Por desgracia para él, es la fiesta de Jason Kade. Después de dar su merecido a Adam, Jason pone sus ojos en Kara, y no le gusta la palabra no. Ahora Kara y Jason están atrapados en un juego del gato y el ratón, aunque el reparto de roles no está claro.

Calificación por edades: 18+

Autora original: Mars

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

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