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La princesa perdida

Everly ha vivido con miedo toda su vida, pero las cosas comienzan a empeorar cuando su abusiva madrastra la vende como esclava. Obligada a subsistir en un sórdido submundo de monstruos sedientos de su sangre virginal, Everly se siente desesperada, hasta que consigue escapar a la manada de la Luna Roja. Allí se encuentra cara a cara con el apuesto alfa Logan, su compañero predestinado. Pero sus antiguos amos le siguen el rastro. ¿Podrá su nueva manada derrotarlos?

Calificación por edades: 18+

Autora original: Holly Prange

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

 

La princesa perdida de Holly Prange ya está disponible para leer en la aplicación Galatea. Lee los dos primeros capítulos a continuación, o descarga Galatea para disfrutar de la experiencia completa.

 


 

La aplicación ha recibido el reconocimiento de la BBC, Forbes y The Guardian por ser la aplicación de moda para novelas explosivas de nuevo Romance, Science Fiction & Fantasy.
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1

Resumen

Everly ha vivido con miedo toda su vida, pero las cosas comienzan a empeorar cuando su abusiva madrastra la vende como esclava. Obligada a subsistir en un sórdido submundo de monstruos sedientos de su sangre virginal, Everly se siente desesperada, hasta que consigue escapar a la manada de la Luna Roja. Allí se encuentra cara a cara con el apuesto alfa Logan, su compañero predestinado. Pero sus antiguos amos le siguen el rastro. ¿Podrá su nueva manada derrotarlos?

Calificación por edades: 18+

Autora original: Holly Prange

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

Everly

—¡Everly! ¡Levanta tu perezoso trasero! ¡Tengo hambre! —La voz fuerte y odiosa de mi tía me llama por las escaleras.

Dejo escapar un gemido de cansancio mientras tiro hacia atrás la fina funda que pica antes de apresurarme a vestirme.

Me pongo rápidamente el vestido marrón descolorido que está doblado en la silla del rincón.

Es uno de los tres conjuntos que tengo, todos heredados de mi tía Lutessa.

Ella recibe un pago mensual de las cuentas que mis padres dejaron para mí. Se supone que el dinero se utiliza para comprarme las cosas que necesito.

Sin embargo, afirma que solo alcanza para la comida y las facturas que mantienen el agua, la electricidad, y un techo sobre nuestras cabezas.

No obstante, sé que está mintiendo. Cada vez que le pagan, llega a casa con bolsas de ropa y joyas nuevas para ella.

Me miro en el espejo agrietado que está apoyado en la pared y suelto un suspiro antes de recoger mi largo y oscuro pelo en una coleta.

Me apresuro a bajar los escalones y entrar en la cocina, donde encuentro a mi tía sentada a la mesa hablando por el móvil.

No estoy segura de lo que está haciendo, aunque sé que no será nada importante.

Por lo que puedo ver, está navegando por una de sus cuentas de redes sociales.

—Ya era hora, mocosa inútil y desagradecida —comenta al verme entrar en la habitación.

—Lo siento, tía Tessa. Me he quedado dormida —murmuro mientras inclino la cabeza en señal de sumisión. Hago lo posible por no sacar su lado malo, o debería decir, peor lado.

—¡No quiero excusas, pequeña zorra! ¡Solo hazme un maldito desayuno para que pueda ir a trabajar! ¡Algunos de nosotros necesitamos ganarnos la vida!

—Sí, señora. Lo siento, señora —respondo rápidamente mientras empiezo a sacar ingredientes de la nevera.

Llevo todo a la encimera mientras comienzo a prepararle una tortilla de jamón y queso con tomate y espinacas.

Se me revuelve el estómago y se me hace la boca agua mientras veo cómo se cocina la comida en el fogón. Me gustaría poder comer un poco.

Mi tía solo me permite comer lo que sobra de su plato, que no suele ser mucho. Hago todo lo posible por ir cogiendo lo que puedo, pero tengo que tener cuidado.

Una vez me pilló comiendo algunas de sus sobras en la nevera y me dio una paliza. Acabé herida y apenas pude moverme durante días.

Ahora odio mi vida. Solía tener una gran vida. Mis padres eran increíbles y cariñosos.

Siempre me hacían reír y me decían lo mucho que me querían. Me consolaban y me abrazaban siempre que estaba dolida o triste.

Siempre hemos estado muy unidos. Pero hace seis años tuvieron un accidente de coche en el que ambos fallecieron.

Se suponía que debía estar con ellos, pero acabé quedándome con un amigo esa noche. Ahora, cada día me arrepiento de no haber estado con ellos. Los echo de menos.

Echo de menos mi antigua vida. Echo de menos mi gran y hermosa casa con el gran jardín trasero en el que jugaba. Por aquel entonces tenía amigos, padres; era feliz.

—¡Deja de soñar despierta, vaca gorda! — la tía Tessa grita, sacándome de mis pensamientos.

Paso la tortilla a un plato y se la llevo antes de servirle una taza de café con su crema preferida, y un chorrito de leche.

Empiezo a alejarme para comenzar el resto de mis tareas del día cuando ella me detiene.

—Tengo un invitado esta noche. Más vale que la casa esté impecable. Y mientras esté aquí, será mejor que no salgas de tu habitación. No hagas ni un ruido -me ordena, señalando con el dedo amenazadoramente en mi cara.

Asiento rápidamente con la cabeza antes de salir corriendo.

Frecuentemente vienen diferentes hombres y la llevan a pasear; a menudo vuelven, y se dirigen a su dormitorio.

Mientras tanto, hago como si no existiera en mi supuesta habitación, que en realidad es un pequeño espacio del ático sobre la sala de estar.

El resto del día lo paso limpiando. quito el polvo, barro, friego, lavo los platos,la ropa,limpio los baños y todo lo que haga falta.

No necesito darle a mi tía otra razón para una paliza. Estoy terminando cuando oigo el timbre de la puerta.

Dando un salto de sorpresa miro la puerta principal, debatiendo si debo abrirla o no.

Normalmente no quiere que ninguno de sus «invitados» sepa que estoy aquí, pero seguro que se acabará enfadando conmigo si se van porque no les he dejado entrar.

Me quedo allí un momento antes de soltar un suspiro y dirigirme hacia la entrada. Abro la puerta y me encuentro con un hombre de pie frente a mí, con barba oscura y bigote.

Tiene entradas en el pelo y es solo unos pocos centímetros más alto que yo.

Sus ojos marrones se entrecierran rápidamente cuando me ve, mientras recorren mi cuerpo, haciéndome sentir náuseas.

La comisura de su fina boca se inclina hacia arriba en una sonrisa, y mi cuerpo se tensa al instante.

No me siento cómoda con la forma en la que este tipo me mira, y ahora me arrepiento de haber abierto la puerta.

La cierro ligeramente para estar preparada para golpearle en la cara si es necesario.

Estirándome para parecer más alta y haciendo acopio de toda la confianza que puedo, pregunto: —¿Puedo ayudarle?

—Estoy aquí por Lutessa. No sabía que tenía una criada… —comienza a decir mientras se acerca un paso y yo lucho contra el impulso de retroceder.

-Todavía no está en casa -respondo antes de hacer una pausa, sin saber qué más debo decir. ¿Debo pedirle que deje un mensaje? ¿O que vuelva?

¿Le ofrezco algo de beber? ¿Debo dejar que espere en la sala de estar?

No me gusta la idea de quedarme a solas con él, pero no estoy segura de lo que hará Lutessa si le digo que se vaya

—Está bien. Esperaré —comenta el hombre mientras se abre paso hacia la habitación delantera, haciéndome tropezar hacia atrás.

Me coge por la cintura y me acerca, haciéndome estremecer por el olor a cigarrillo rancio.

Se acerca más de lo necesario, y yo me retuerzo rápidamente para soltarme de sus manos mientras aprovecho para alejarme.

—De a—acuerdo, entonces pu—puedes esperar a—aquí —tartamudeo, en el momento en el que los nervios empiezan a dominarme.

Me sonríe, parece disfrutar del hecho de ponerme nerviosa.

Se acerca a mí mientras yo sigo retrocediendo hasta chocar con la pared.

Sus manos suben por ambos lados de mi cuerpo, aprisionándome mientras se inclina hacia mí y me habla suavemente cerca del oído.

—Se me ocurren algunas formas de pasar el tiempo…—comienza mientras su mano empieza a subir por mi muslo y bajo el dobladillo de mi vestido.

Le agarro la muñeca, deteniendo su avance, y sus ojos se encuentran con los míos.

—Para —respondo con fuerza.

—Deja de tomarme el pelo — me dice antes de soltar su mano de mi tensa sujeción.

—No lo estoy. Es que no me interesa -empiezo a decir antes de respirar profundamente para recuperar la compostura.

— Lutessa llegará pronto a casa, y tú puedes esperar en el sofá —le informo con severidad antes de darme la vuelta para marcharme.

Me agarra de la muñeca,me tira hacia él, e instintivamente le golpeo con la mano libre.

Un fuerte impacto resuena en la pequeña casa, seguido de un tenso momento de silencio.

Mis ojos se abren de par en par cuando su cara se pone seria y se vuelve para mirarme. —¡Pequeña zorra!— Comienza a avanzar hacia mí de nuevo y me doy la vuelta para empezar a correr.

Me tira de la cabeza hacia atrás y me agarra del pelo. Suelto un gemido antes de que me estrelle contra la pared.

Unos puntos oscuros danzan en mi visión mientras caigo de rodillas.

A ciegas, extiendo las manos, tratando de forzarme a levantarme, pero su puño me golpea en la cara y caigo hacia atrás.

Dejo escapar un gemido mientras me retuerzo en el suelo por el dolor.

—¡Por favor! —le ruego—. ¡Para!

Hace caso omiso y me pone de espaldas. Se sube encima de mí para pegarse sobre mis caderas.

—Oh, putita, cállate.. Solo dame lo que quiero —me exige antes de agarrar el cuello de mi vestido y abrir la parte delantera, dejando al descubierto el sujetador liso que llevo debajo.

Mis manos se extienden delante de mí mientras intento apartarlo.

Mientras él lucha por agarrarme de las muñecas, yo consigo finalmente acercar la mano a un pesado cenicero de cerámica que se encuentra sobre la mesa de la entrada.

Se lo aplasto en la cabeza y se cae sobre mí.

Me levanto rápidamente para huir, pero su mano sale y me agarra por el tobillo, haciéndome caer de bruces.

En ese momento, oigo el sonido del pomo de la puerta principal girar y abrirse. La tía Tessa entra y se queda paralizada al vernos.

—¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —grita marchando hacia nosotros mientras el hombre se esfuerza por ponerse en pie.

Intento ponerme en pie pero mi tía me tira del brazo.

—¿Te estás insinuando a Dean, vagabunda despreciable? — grita mientras me sacude bruscamente.

—¡N-NO! ¡Intentó violarme!

—¡Mentirosa! —grita mientras me sacude de nuevo.

—¡¿Qué hombre iría detrás de una puta gorda e inútil como tú?! ¡No eres nada! ¡Y es hora de que lo aprendas!

Me levanta delante de ella antes de darme una bofetada en la cara.

El escozor es instantáneo, mi mano vuela hasta cubrir mi mejilla y las lágrimas llenan mis ojos.

Su rostro se tranquiliza ligeramente antes de volverse hacia el mugroso que está allí de pie observando el desarrollo de la escena.

—Dean, espérame en el coche. Necesito darle una lección a esta zorra antes de nuestra cita. Ahora mismo salgo.

Me lanza una mirada fulminante y asiente con la cabeza antes de darse la vuelta para marcharse.

Me limpio las mejillas mojadas mientras oigo cómo se cierra la puerta. Mi tía va al armario de los abrigos y vuelve con un cinturón.

—Por favor, tía Tessa —le suplico—. ¡No estoy mintiendo! Entró a la fuerza. Me golpeó…

—¡¿Por qué siempre me arruinas la vida?!—grita por encima de mí mientras hace caer el cinturón como un látigo.

Instintivamente levanto los brazos delante mía para protegerme y el cinturón choca contra los antebrazos.

Me agarra, me tira al suelo y caigo boca abajo antes de que el cinturón me golpee de nuevo.

Me agrede una y otra vez mientras me acurruco en el suelo, intentando proteger mi cabeza y mi cuello de su ataque.

Cuando por fin se cansa, deja caer el cinturón al suelo y se inclina sobre mí.

—¡Cuando vuelva, ¡más vale que este desastre esté limpio! ¡¿Me oyes, zorra perezosa?! —

Empiezo a sollozar y solo consigo asentir levemente con la cabeza.

Se da la vuelta y me deja tirada en el suelo con moratones y cortes que cubren mi cuerpo.

Permanezco allí mientras mi cuerpo se estremece con mis gritos desgarradores. Todo mi cuerpo está resbaladizo y pegajoso de sangre.

Me duele moverme, pero no quiero que me den otra paliza.

Después de lo que parece una eternidad, consigo levantarme y limpiar el destrozo antes de meterme en la ducha para limpiarme.Al final me derrumbo en mi cama, que es un viejo y sucio colchón tirado en el suelo. Me hago un ovillo y me tapo con la manta que pica.

Todos mis movimientos son lentos y dolorosos, y si no fuera por el puro agotamiento que siento ahora mismo, no estoy segura de si sería capaz de quedarme dormida.

Afortunadamente para mí, estoy demasiado cansada y la oscuridad no tarda en apoderarse de mi ser. No sé cuánto tiempo llevaba dormida antes de que la voz de mi tía llenase de nuevo la habitación.

—¡Levántate, Everly! ¡Vístete! Tenemos que irnos! — exige.

Mis ojos se abren y miro a mi alrededor, confundida. Todavía está oscuro.

—¿Qué pasa? ¿Adónde vamos?—pregunto somnolienta, intentando aún encontrar un sentido a lo que está sucediendo.

—¡Date prisa y haz lo que te digo, mocosa inútil! —grita antes de dar un portazo y volver a bajar las escaleras.

Mi cuerpo se queja mientras me obligo a levantar y me pongo un sucio vestido blanco.

Calzo los zapatos y bajo las escaleras, donde encuentro a la tía Tessa esperando junto a la puerta con el abrigo puesto.

Su pie golpea el suelo con impaciencia y me mira cuando empiezo a descender las escaleras del ático.

—¡Ya era hora! ¡Deprisa! No tenemos toda la noche!

Abre la puerta principal y hace un gesto hacia su coche, que está aparcado delante. —Tía…

—¡Cállate! ¡Solo ven! Sube! —Sacudo la cabeza y me meto en el asiento del copiloto antes de abrocharme el cinturón.

Apoyo la frente en la ventanilla mientras mi tía se acerca y se sube al asiento del conductor.

El frío cristal le sienta bien a mi piel y cierro los ojos, respirando profundamente.

Conducimos un rato y en algún momento me vuelvo a dormir.

Cuando me despierto no tengo ni idea de dónde estamos, pero veo que han pasado tres horas desde que salimos de casa. ¿Adónde me lleva? ¿Qué está pasando?

Empiezo a ponerme nerviosa. Me siento recta y empiezo a mirar a mi alrededor, intentando averiguar si hay alguna señal o punto de referencia que reconozca.

Pronto, entramos en una gran ciudad y ella serpentea por las carreteras.

Mi ansiedad sigue creciendo mientras sigo intentando averiguar a dónde vamos. Cada vez que le pregunto me dice que me calle o que la deje en paz.

Se me revuelve el estómago al observar los edificios que nos rodean. Parecen estar cada vez más deteriorados a medida que avanzamos.

Finalmente, nos detenemos frente a un edificio de ladrillos que parece un almacén con una puerta negra y sólida. Mi tía me arrastra hasta ella y llama al timbre.

Un hombre corpulento con una camiseta negra ajustada y unos vaqueros responde con los brazos cruzados contra el pecho. —Diga su nombre y su negocio—dice con brusquedad.

—Lutessa Andrews. Tengo una reunión con Lord Vlad Lacroix—afirma mientras agarra fuertemente mi brazo.

El guardia asiente y retrocede, permitiéndonos el paso antes de conducirnos por un pasillo oscuro.

Parece un almacén cualquiera, excepto por todos los sonidos que puedo oír procedentes de unas habitaciones que no puedo ver.

La música a todo volumen atraviesa las paredes como si hubiera una discoteca al otro lado.

Mientras seguimos caminando, oigo gemidos y gritos que salen de varias habitaciones. Con cada paso, mi sensación de temor aumenta. ¿Dónde diablos estamos?

Nos conducen a través de unas puertas dobles y, de repente, el espacio se transforma en gruesa y lujosa alfombra de color rojo intenso y unas paredes blancas y negras.

Al llegar a una puerta al final del pasillo, el hombre la golpeay una voz desde el interior grita: -Entra.

El guardia abre la puerta y nos hace un gesto para que entremos antes de cerrarla tras nuestro paso.

Otro hombre está sentado en una silla de respaldo alto, en un enorme escritorio de caoba..

Su piel es mortalmente pálida y su pelo negro está peinado hacia atrás. Es atractivo, con una constitución alta y delgada y ojos grises, pero también es muy… extraño..

Las comisuras de su boca se tuercen hacia arriba en una sonrisa maligna cuando entramos, se levanta de su escritorio y sale a nuestro encuentro.

Mi tía me empuja hacia delante y el hombre comienza a rodearme mientras sus ojos recorren cada centímetro de mi cuerpo.

—Entonces, ¿ es esta la chica?— dice en voz baja, y me pregunto si se trata de una pregunta retórica.

—Sí. Esta es l la que te dije—responde ella.

Él asiente con la cabeza mientras se acerca de nuevo.

—Bien. Lo hará bien—Se da la vuelta y camina hacia su escritorio mientras coge una pequeña bolsa marrón y se la lleva a mi tía, dejándola caer en su mano.

—Y su pago. Tal como lo habíamos discutido.

—Gracias, señor—responde la tía Tessa.

Me vuelvo hacia ella con confusión.

—¿Pago por qué?

—Él te lo dirá. Ya no eres mi problema— Con eso, mi tía se da la vuelta y se aleja de mí, dejándome sola en esta habitación con ese extraño hombre.

Le miro, esperando una explicación.

—¿No es obvio, querida?—pregunta en tono burlón. Mis cejas se fruncen mientras intento encajar todo, pero no acabo de entender qué está pasando.

Si no lo supiera, diría que parece que mi tía me ha vendido a este hombre. Pero eso no puede ser cierto. ¿No es así?

El hombre sonríe. —Muy bien, pequeña. Tenías razón— Mis ojos se abren de par en par mientras mi atención vuelve a centrarse en él. No había dicho nada en voz alta.

¿Acaba de leerme la mente? —Otra vez tienes razón—dice con una sonrisa malvada.

—¿P-Pero c-cómo? ¿Por qué? Esto es ilegal. Es…—empiezo a argumentar, tratando de encontrarle un sentido a todo lo que está pasando.

—Las leyes humanas no me conciernen—comenta mientras su malvada sonrisa se extiende por su rostro, mostrándome sus dos afilados colmillos.

Sus ojos se vuelven de un rojo carmesí brillante, y un grito de sorpresa se desliza por mis labios antes de que todo se vuelva negro.

 

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2

EVERLY

SIETE AÑOS DESPUÉS

—¡Un aplauso para Ruby Red, todos!—grita el locutor. Lo que hace que la sala estalle en vítores, aplausos y silbidos de lobo mientras me apresuro a salir del escenario.

Me pongo rápidamente la bata de seda y la anudo mientras me apresuro a volver al camerino donde las otras chicas se preparan para sus propios sets.

Llego a mi tocador y apenas me he sentado cuando entra Mistress Victoria Dupont.

—Scarlet Kiss, eres la siguiente. Prepárate en cinco minutos— le dice a la chica del tocador que está detrás.

Luego se dirige a mí. —Ruby Red, tienes clientes esperándote en la sala D del Banco de Sangre.

Me encogí interiormente mientras mi rostro mostraba una expresión de indiferencia y le dedicaba una cortante inclinación de cabeza, antes de girar hacia la salida que conduce a otro pasillo. Odio mi vida.

Pasé años siendo maltratada y abusada por mi odiosa tía, y ahora soy esclava del amo vampiro más violento que existe.

Dirige el espacio clandestino donde su establecimiento, el Banco de Sangre, atiende todo tipo de necesidades y fetiches.

Sin embargo, el foco principal de su negocio es el tráfico ilegal de personas que se lleva a cabo. Ninguno de los «animadores» está aquí por elección.

Todos somos víctimas de secuestro o de trata. Aquí hay mujeres y hombres de todo tipo, de distintas edades, y ofrecemos una serie de servicios.

El edificio tiene un club de striptease en el que a menudo me veo obligada a actuar. También hay un club BDSM, un burdel y el Banco de Sangre.

Por suerte, nunca me han obligado a trabajar en el burdel. El maestro Lacroix tiene órdenes estrictas de mantenerme virgen.

Solo unos pocos tenemos ese lujo.

Somos los que éramos vírgenes cuando nos compraron o robaron. Sobresalimos en nuestro entrenamiento y somos los favoritos de sus clientes que pagan..

Nos considera las más bellas de las chicas de su «colección». El problema de esto es la razón por la que quiere que nuestra pureza permanezca intacta.

Las vírgenes son las que más dinero consiguen en las subastas.

En el momento en que sienta que estamos llegando al final de nuestra popularidad con sus clientes, nuestra virginidad se venderá al mejor postor.

Yo, por mi parte, espero haber encontrado una forma de escapar antes de eso, aunque estoy segura de que mi hora llegará pronto.

Ahora tengo veintitrés años, así que como mucho me quedan un par de años más antes de tener que preocuparme por eso.

Por desgracia, la mayoría de las chicas son vendidas a los veinte años.

La única razón por la que he podido protegerme durante todo este tiempo, es el hecho de que él gana mucho dinero a mi costa.

Durante años intenté escapar de este infierno, pero siempre me descubrían. Las oportunidades de huir eran siempre escasas.

Lo peor es que como los vampiros pueden leer los pensamientos, hay que tener mucho cuidado con ellos.

Por si fuera poco, si tienen tu sangre en su sistema por haberse alimentado de ti, lo pueden hacer sin ni siquiera necesitas estar cerca de ellos.

Solo una vez logré salir del recinto, y me encontraron dos pueblos más allá porque el maestro Lacroix había bebido mi sangre tiempo antes.

Podía ver todo lo que yo veía y era capaz de encontrarme fácilmente.

Cada vez que me pillaban intentando escapar, recibía fuertes palizas. No les importa golpearte hasta casi matarte.

Si llegan a ese punto, lo solucionan dándote un pequeño trago de su sangre que contiene poderes curativos.

Dan una cantidad tan minúscula que no te curas del todo, pero te mantiene vivo.

Luego te dejan en tu jaula para que te cures de la manera más lenta y dolorosa. Ni siquiera tienes tiempo libre después de la paliza.

Y si no eres capaz de rendir, entonces no te alimentan. Al menos a mi me alimentan mejor de lo que lo hizo mi tía.

Nos tienen a todos con dietas estrictas y rutinas de ejercicio para mantenernos sanos. La sangre sana sabe mejor.

Finalmente, llego a la sala D y respiro profundamente mientras me meto en mi personaje de Ruby Red.

La única manera de superar esta pesadilla es separando las cosas.

Mi capacidad para montar un espectáculo y fingir es la razón por la que muchos clientes me quieren.

Es lo que me ha mantenido a salvo de perder mi virginidad con cualquiera de los bastardos enfermos que vienen aquí.

Abro la puerta de la habitación oscura con el gran sofá tapizado de color rojo que tiene forma de semicírculo.

La habitación es redonda, con un gran espejo en el techo y un poste de baile en un pequeño escenario redondo en el lado opuesto del sofá.

Dos hombres están sentados en el sofá y me miran con hambre cuando entro.

—Hola, chicos—murmuro seductoramente mientras arrastro ligeramente un dedo por mi cuerpo para liberar mi bata. —¿Qué será hoy?

La tela de seda se desliza y se acumula alrededor de mis pies mientras uno de los hombres acaricia el lugar entre ellos.

—Después de tu actuación, sabíamos que queríamos probarte un poco. Ven. Siéntate

—insiste el de la derecha. Ambos hombres son altos y delgados.

Ya les puedo ver los colmillos mientras me miran y se lamen los labios.

El que habló antes tiene el pelo rubio y los ojos azules, mientras que el otro tiene el pelo castaño recogido en una coleta y los ojos marrones.

—Estás sencillamente deliciosa—afirma el de la izquierda. Me siento entre ellos y me recojo el pelo mientras ofrezco mi cuello al chico moreno.

Se acerca a mí, me rodea con el brazo y me coge el pecho.

Siento que su nariz roza ligeramente mi cuello mientras huele mi aroma antes de que sus colmillos se hundan en mi carne.

El rubio se mueve para arrodillarse frente a mí mientras sube mi pierna izquierda alrededor de sus hombros.

Me da unos cuantos suaves besos en el muslo antes de clavar sus dientes en mi arteria femoral.

Los vampiros son conocidos por ser seres muy sexuales. Aunque necesitan sangre para sobrevivir, a menudo les gusta mezclar su alimentación con el placer.

Mientras beben de mí, sus manos me manosean y acarician. Estos dos parecen bastante agradables comparados con la mayoría de los vampiros que vienen.

Todos saben que no estamos aquí por elección. Los vampiros suelen tener poca consideración por la vida humana, sintiendo que estamos por debajo de ellos.

A lo largo de mis años en este establecimiento, he conocido a muchos vampiros que son crueles y despiadados. Sin embargo, también he conocido algunos buenos.

En mis primeros años, incluso me enamoré de uno. Se llamaba Phillipe. Era muy guapo y muy dulce.

Siempre fue amable conmigo y me hablaba, tratando de conocerme.

Incluso me decía que un día esperaba sacarme de este horrible lugar. Que debería ser apreciada, no usada y abusada.

Una noche en la que él había comprado un tiempo conmigo, las cosas se empezaron a calentar rápidamente. Cuando me pidió mi virginidad, acepté.

No quería perderla con cualquiera. No quería que mi primera vez fuera cuando me violara quien me vendiera después.

Quería que fuera mi elección. Quería ser yo quien tuviera el control y tomara la decisión.

Desgraciadamente, el Maestro Lacroix se dio cuenta de lo que estaba pasando e irrumpió en nuestra sala. Le clavó una estaca en el corazón a Phillipe justo delante de mí.

Me miraba todo el tiempo como si me estuviese diciendo en silencio que la muerte de Phillipe era culpa mía. Esa noche lloré hasta quedarme dormida.

Fue entonces cuando decidí no ser nunca mi verdadero yo cerca de los clientes.

Necesitaba protegerme, y adoptar mi personaje alternativo era la única forma que se me ocurría para sobrevivir a toda esta prueba.

Ahora me transformaba en lo que ellos querían que fuese. Podía ser sumisa o fogosa. Podía ser coqueta y seductora, o tímida y delicada.

Me he vuelto muy observadora, y mi capacidad para leer a la gente es la razón por la que he podido mantener mi virginidad durante tanto tiempo.

El que me chupaba el cuello pasa su ahora lengua por la herida antes de besar el largo de mi garganta.

Me pellizca el pezón entre el pulgar y el dedo índice a través de la tela transparente de mi lencería negra y le da un ligero giro.

Han bebido mucho de mí y me siento mareada. Las luces de la sala parpadean, haciéndoles saber que su tiempo ha terminado.

El que está entre mis piernas lame las marcas de los mordiscos que me acaba de hacer, permitiendo que se cierren.

La saliva de un vampiro también tiene una capacidad curativa, de modo que una vez que han terminado de alimentarse, pueden cerrar fácilmente las heridas que han hecho con un simple toque de lengua.

Ambos se levantan y yo me recuesto en el sofá, sintiéndome cansada por la pérdida de sangre.

—Estuviste realmente deliciosa, amor—dice el hombre de ojos marrones mientras se limpia las comisuras de la boca con el pulgar.

—Sí—asiente el rubio.— Creo que tendremos que visitar este lugar más a menudo..

Se colocan bien la ropa y salen antes de que uno de los guardias entre y levante mi forma inerte.

Me lleva por las escaleras y me coloca en un delgado colchón de paja que está en la esquina de mi jaula.

Por suerte, fue lo último de mi noche, y ahora se acercan las cinco de la mañana.

Me tapo con la manta y me hago un ovillo mientras dejo que el sueño se apodere de mí.

*****

A la noche siguiente, me despierto cuando un nuevo grupo de esclavos baja los escalones de piedra y entra en el sótano, donde las celdas se alinean en las paredes.

—¡Seguid moviéndoos, vagabundos despreciables!—grita el guardia antes de sacar un látigo.

Varias chicas gritan cuando el látigo les rebota en los brazos desnudos mientras son conducidas al interior de la habitación.

Me pongo de pie y me acerco a la puerta de mi jaula mientras los observo.

Mi corazón se rompe mientras observo como todos se mueven con lágrimas cayendo por sus sucias mejillas.

Una de las chicas más jóvenes deja escapar fuertes sollozos desgarradores antes de que un guardia se acerque y le dé una fuerte bofetada en la cara, gritándole que se calle.

Quiero gritar para que se detenga, pero sé que solo recibiría una paliza. Esperaré a que se vayan para intentar consolar a los pobres jóvenes.

Las chicas están en fila antes de que el resto de nosotros salgamos de nuestras celdas.

Al instante me dirijo a los recién llegados y tomo un par de sus manos entre las mías.

Se dan cuenta de que estoy a punto de hablarles, así que inmediatamente se apiñan en silencio a mi alrededor para escuchar lo que tengo que decir.

—Nos están llevando al centro de entrenamiento ahora. Haced lo que os digan y mantened la cabeza baja. Si hacéis un buen trabajo y no les contestais, no os harán daño. Este lugar os dará comida y duchas regulares. Haced lo posible por ser valientes y fuertes, y siempre podréis acudir a mí—les digo mientras mis ojos se dirigen a cada uno de ellos, estableciendo contacto para que sepan que les hablo a todos.

Todos asienten en silencio mientras algunos se frotan las mejillas para secarse las lágrimas.

Me pongo de pie y me giro hacia la salida mientras los guardias abren la puerta y comienzan a conducirnos hacia el gimnasio.

Los que ya hemos hecho antes nuestro entrenamiento de esclavos, trabajaremos para mantener nuestro cuerpo en forma.

Los nuevos reclutas aprenderán cosas mucho menos agradables. Se me revuelve el estómago al recordar mis primeras semanas aquí.

Me sentí tan avergonzada, tan sucia.

Sacudiéndome esos pensamientos de la cabeza, me dirijo a una cinta de correr y me subo antes de ajustar la velocidad.

Después de correr ocho kilómetros, hago planchas, abdominales, sentadillas y algunas otras cosas, asegurándome de trabajar todos mis músculos.

Nuestro tiempo ha acabado, y veo que a los nuevos reclutas se les ordena limpiar el gimnasio ahora que hemos terminado de usarlo.

Para su entrenamiento, comienzan con la limpieza y la obediencia antes de pasar al pole dance, aprender a como ser sumisa, a hacer felaciones y otras habilidades que complacerán a nuestros clientes.

Observo cómo una de las chicas más jóvenes deja de fregar el suelo y se apoya en sus talones.

Se pasa el dorso de la mano por la cabeza, y Mistress Dupont la descubre al instante, marchando hacia ella con la mirada.

—¡¿Qué significa esto?!—grita antes de arrastrar a la chica hasta sus pies—. ¡¿Acaso dije que podías hacer un descanso?!

—N-No, señora—tartamudea la chica en voz baja mientras mira al suelo.

—¡¿Entonces por qué demonios no estabas fregando?!

—Mis brazos están cansados—explica la chica mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

—Mis brazos están cansados—le contesta asquerosamente Mistress Dupont—. ¡No quiero excusas! ¡Diez latigazos por tu incompetencia! Arrodíllate —exige.

El cuerpo de la joven se agita incontroladamente mientras baja al suelo.

Mistress Dupont abre la parte trasera de las telas a modo de camiseta de la chica, dejando al descubierto su espalda antes de colocarse detrás de ella.

Se oye un fuerte chasquido cuando el látigo cae sobre ella. Inmediatamente deja escapar un gemido de dolor antes de ponerse a llorar.

Sin pensarlo, me acerco a ella, con el corazón oprimido en el pecho.

Debería saberlo. ¿Qué demonios estoy haciendo? No lo sé.

Nunca he sido capaz de quedarme de brazos cruzados y ver cómo se golpea a estas jóvenes de la misma manera que me hicieron a mí. No se lo merecen. Ninguno de nosotros lo merece.

Cuando el látigo se levanta de nuevo, me lanzo rápidamente entre él y la joven.

Mi cuerpo se enrosca alrededor de ella y adopto una posición similar, protegiéndola con mi cuerpo.

El látigo golpea mi espalda y aprieto los dientes, sin dejar escapar ningún sonido.

—¡Muévete, Ruby!—grita el ama, usando mi nombre artístico. Rara vez utilizan mi nombre real. A veces me pregunto si lo recuerdan.

—No, señora—respondo, congelada en mi posición.

—¿No?—pregunta incrédula. Como no respondo ni me muevo, toma mi actitud como respuesta.

—Bien, recibirás el resto de los latigazos de Anna y quince más por tu intromisiónsentencia.

—Sí, señora—respondo antes de apretar los dientes y respirar lentamente por la nariz, preparándome para el dolor.

El chasquido del látigo vuelve a sonar mientras me clava la espalda. Lo aguanto todo y puedo sentir como mi sangre caliente baja por mi espalda.

La sala está en completo silencio mientras todo el mundo se queda quieto, con miedo a moverse o a hacer un ruido a la vez que ven cómo me azotan.

Tras el último latigazo, todos se quedan congelados por un momento como si estuvieran en shock.

De repente, cuando Mistress Dupont se aleja de nosotros, el resto de las chicas se apresuran a acercarse a mí y a la joven llamada Anna.

Al instante nos ayudan a levantarnos mientras murmuran palabras de consuelo y ánimo.

Dos de las chicas, llamadas Mina y Callie, me cogen por ambos lados, cada una de ellas rodeando uno de mis brazos alrededor de su cuello mientras me levantan.

—Eso ha sido muy valiente—me dice Mina en voz baja.

—Vamos a limpiarte ahora—añade Callie mientras me ayudan a llegar a la salida.

Todas las chicas se apiñan alrededor de Anna y de mí mientras nos conducen fuera de la sala de entrenamiento y hacia las duchas.

Una hora más tarde ya estamos limpios y una de las chicas me ha untado un antibiótico sobre las heridas para evitar que se me infecte.

Estamos sentados en un banco mientras terminamos de vestirnos cuando entra Mistress Dupont.

—Ruby Red, el maestro Lacroix quiere hablar contigo—afirma fríamente antes de darse la vuelta y salir del vestuario.

Respiro profundamente para intentar calmar mis nervios mientras las chicas que me rodean me agarran de las manos y me aprietan los hombros, todas ellas intentando reconfortarme y desearme suerte.

Una vez que me he armado de valor, me pongo de pie. —Estaré bien. No os preocupéis por mí—les digo.

—Será mejor que os preparéis y vayáis a la siguiente estación antes de que os metáis en problemas.

Asienten y me abrazan antes de apresurarse a terminar mientras yo me dirijo a la puerta.

Me retuerzo las manos nerviosamente mientras camino por el pasillo hacia el despacho del maestro.

Levanto la mano para llamar a la puerta, pero oigo su voz antes de que pueda hacerlo. —Entra—dice su voz.

Hago lo que me pide y cierro la puerta en silencio tras de mí antes de caminar con cautela hacia él, mientras se sienta en su escritorio.

—Deseaba verme, amo—comento suavemente con la cabeza inclinada.

—Sí, siéntate—responde con frialdad.

Tomo asiento frente a él, y se lleva los dedos a la frente como si estuviera pensando en algo mientras me mira fijamente.

—Mistress Dupont me contó lo que pasó hoy en el entrenamiento. ¿Qué tienes que decir en tu favor?

—Lo siento. La chica era muy joven y era su primer día. No podía quedarme de brazos cruzados y ver cómo la golpeaban simplemente por tomarse un descanso. Está claro que no está acostumbrada a un trabajo manual tan extenuante —respondo.

—Desafortunadamente eso es un problema, Ruby. No puedes interferir en el entrenamiento de nuestras nuevas chicas. Lo que has hecho hoy puede ser peligroso para mi negocio —empieza a decir con severidad Tengo la boca abierta.

—¿Peligroso? ¿Cómo? — protesto.

—Estás dando un mal ejemplo. A las chicas se les meterán pensamientos en la cabeza. Pueden empezar a rebelarse. No puedo permitirlo —explica.

—Pero yo…

—Será inconveniente, pero al menos se les puede obligar a cumplir. Sin embargo, como sabes, eso no funciona contigo, por alguna razón.

Aprieto los labios. Junto con la lectura de la mente, los vampiros tienen la capacidad de controlar la mente de uno. Lo llaman «compulsión».

Aprendieron pronto que no eran capaces de obligarme a escuchar. No tengo ni idea de por qué esto no funciona conmigo.

Desgraciadamente, la desventaja de esto era que recibía muchos más azotes y castigos para obtener mi conformidad.

—Como no puedo garantizar que esto no vuelva a ocurrir, he decidido que es hora de enviarte a la subasta.

 

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