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Odiada por mi Alfa

Días después de su decimoctavo cumpleaños, Aurora Craton siente la atracción del apareamiento mientras trabaja como camarera en una fiesta de los líderes de la manada. Su pareja resulta ser el Alfa Wolfgang de la Manada Luna de Sangre. Cuando descubre que su compañera es sólo una asistenta doméstica, no sólo se niega a aceptarla, sino que la amenaza con marcarla como renegada si se atreve a decirle a alguien que es su compañera. Aurora no tiene otra opción que permanecer en la manada, condenada a estar sola. Pero debe de haber una razón por la que la Diosa de la Luna los ha unido…

Calificación por edades: 16+

Autora original: Natchan93

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

 

Odiada por mi Alfa de Natchan93 ya está disponible para leer en la aplicación Galatea. Lee los dos primeros capítulos a continuación, o descarga Galatea para disfrutar de la experiencia completa.

 


 

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1

Resumen

Días después de su decimoctavo cumpleaños, Aurora Craton siente la atracción del apareamiento mientras trabaja como camarera en una fiesta de los líderes de la manada. Su pareja resulta ser el Alfa Wolfgang de la Manada Luna de Sangre. Cuando descubre que su compañera es sólo una asistenta doméstica, no sólo se niega a aceptarla, sino que la amenaza con marcarla como renegada si se atreve a decirle a alguien que es su compañera. Aurora no tiene otra opción que permanecer en la manada, condenada a estar sola. Pero debe de haber una razón por la que la Diosa de la Luna los ha unido…

Calificación por edades: 16+

Autora original: Natchan93

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

Aurora

El apareamiento…

La impronta…

La pareja…

El amor verdadero…

Mientras crecía en una sociedad de lobos, escuchaba mucho estas palabras en nuestra aldea.

Sí, has leído bien. Una sociedad de lobos.

Soy un licántropo. Lo creas o no, existimos. De hecho, vivimos entre los humanos, sin que lo sepan.

Solemos deambular en nuestras formas humanas, y desarrollamos la capacidad de transformarnos en lobos una vez cumplidos los dieciocho años.

Y cuando eso sucede, encontramos a nuestra pareja.

Verás, la Diosa de la Luna designa a una persona significativa para todos y cada uno de nosotros. Y una vez que la encontramos, no amamos a nadie más que a esa persona durante el resto de nuestras vidas.

Sin embargo, no demasiados de nosotros tenemos esa oportunidad. En estos días, es raro que un lobo encuentre a su pareja.

Sobre todo porque nuestro número es cada vez menor, debido al constante hostigamiento por parte de los cazadores humanos y los rastreadores sin escrúpulos.

Mis padres fueron de los pocos afortunados que se casaron con su pareja.

Mi padre conoció a mi madre en una reunión de aldeas vecinas, y se enamoró profundamente de inmediato. Pero, desgraciadamente, murió al dar a luz a su hija Aurora. Es decir, a mí..

Mi padre se volvió a casar por pena, y su segunda esposa, que se convirtió en mi madrastra, tomó las riendas del hogar de los Craton.

Mi padre era un guerrero de nuestra manada, un gamma para ser más precisos, pero murió en acto de servicio cinco años atrás.

Me faltaban un par de días para cumplir los dieciocho años. Estaba nerviosa por conocer finalmente a mi lobo.

Y por algo más importante aún: encontrar a mi pareja.

—¡Aurora! ¿Has terminado con la colada? La cena está lista —gritó mi madrastra desde el interior de la casa.

—¡Ya voy, Montana! —respondí mientras colgaba la última prenda en el tendedero. Miré al cielo, disfrutando del calor que ofrecía el sol.

Era una estampa infrecuente, ya que vivíamos en una pequeña localidad llamado Iliamna, en Alaska.

Nuestra manada, la de la Luna de Sangre, vivía entre humanos que no sabían de nuestra existencia.

Cuando entré en casa, me recibió la horrible sonrisa de mi madrastra.

—¿Por qué has tardado tanto? Me muero de hambre —dijo.

—Podrías haber empezado sin mí —comenté mientras me sentaba en la mesa y empezaba a comer.

Montana cocinaba unos platos excelentes, eso tenía que reconocérselo.

—Así que, Rory… en un par de días serás mayor de edad, ¿verdad? —preguntó mi madrastra.

Levanté la vista de mi plato.

—¿Eh? Oh… sí —murmuré, volviendo a prestar atención a mi comida.

—Sabes… ya es hora de que empieces a ganar tu propio dinero. La pensión de Rodrick se está quedando corta.

Volví a mirarla, casi atragantándome con la comida.

—¿Disculpa?

—Pues sí, querida. Además, no era una cantidad demasiado grande. Y tener que compartirla entre las dos la ha mermado significativamente —explicó—. Así que he decidido ofrecer tus servicios para la casa del líder. Necesitan desesperadamente personal de servicio, ya que llega la celebración del cumpleaños del alfa.

—Que has hecho ¿qué? —grité. Me levanté bruscamente, mi silla cayó detrás de mí—. ¿Cómo has podido?

—¡Venga, Rory! Ya es hora de que ayudes con los gastos domésticos —dijo, los brazos cruzados sobre el pecho—. La fiesta de los alfa es uno de los mayores eventos del año. Necesitan toda la ayuda que puedan conseguir.

—¿La fiesta de los alfa?

—¡Piénsalo bien! —apuntó, moviendo las cejas hacia mí—. Quizá conozcas a tu pareja esa noche.

No podía creerla. Resoplé con fastidio y subí a mi habitación. No podía soportar estar cerca de ella durante más tiempo.

No es que fuera una mala persona. Prácticamente me había criado después de la muerte de mi padre.

Pero a veces era muy molesta, siempre dando por sentado que lo que ella decidía para mí era la opción correcta.

Cogí mi teléfono y llamé por vídeo a mi mejor amiga, Emma Johnson.

—¡Ey, bubu —me saludó, ataviada con una horrible máscara negra.

—¿Qué demonios llevas puesto? —pregunté con una ceja levantada.

—Es una mascarilla de carbón. Tracy me la recomendó, así que decidí probarla —dijo, encogiéndose de hombros mientras se metía chetos en la boca—. Bueno, ¿cuál es el plan para tu cumpleaños? Debes de estar súper emocionada porque vas a cumplir los dieciocho. ¡Vas a conocer a tu pareja!

Puse los ojos en blanco.

—Me muero de ganas de cumplir dieciocho años —continuó Emma, por lo que traté de refrenar su entusiasmo.

—En primer lugar, no estoy segura de si alguna vez llegaré a conocer a mi pareja. Sabes que eso es algo que sólo ocurre una vez durante la luna azul —me revolqué en la cama y abracé a mi osito de peluche—. Además, estaré trabajando en mi cumpleaños, así que no podré hacer gran cosa.

—¿Qué quieres decir con eso de que estarás trabajando? —se asombró—. ¡Oh, mi Diosa! ¿Cómo has podido? Me lanzó una mirada de sospecha.

—No, no he sido yo, sino Montana —expliqué, poniendo los ojos en blanco otra vez.

—¡¿Qué?! ¿Por qué ha hecho eso? —preguntó Emma, desconcertada.

—Según ella, es la mejor manera de encontrar a mi pareja.

—¡Oh, vamos! No puede hablar en serio —protestó. Las fosas nasales de Emma se dilataron—. A veces soy totalmente incapaz de entender a tu madrastra, Aurora.

—Sí, bueno… en resumen, no hay mucho que pueda hacer. Iré al estúpido baile, trabajaré por la noche, me sacaré un dinero y volveré a casa —enumeré, sofocando un bostezo.

—En fin, si tú lo dices… Te llamaré más tarde. Voy a quitarme esto de la cara y a comer algo. Te quiero, bubu —se despidió, bajando de la cama con un salto.

—Te quiero más.

Colgué y me estiré en la cama.

¿Es realmente tan importante para mí encontrar a mi pareja?

Ya no es algo tan habitual.

¿Y si resulta ser un bicho raro?

Las preguntas surgieron una tras otra en mi cabeza hasta que el sueño se apoderó de mí.

Me desperté un par de horas después. Me levanté de la cama y bajé las escaleras para descubrir que estaba sola en la casa.

—Montana debe de haber salido —me dije extrañada en voz alta antes de subir a mi habitación. No tenía ganas de comer, así que no me molesté en preparar nada para la cena.

Como siempre, mi madrastra andaba de picos pardos, así que tampoco tenía que preocuparme por ella. Pero sus estúpidas palabras se repetían en mi mente.

¿Y si encuentro a mi pareja esa noche?

¿Me iré con él de inmediato?

¿Le gustaré? ¿Me gustará a mí?

—¡Uf! ¡Esto es muy irritante molesto! —resoplé, apretando mi almohada.

Al día siguiente, me desperté con un ruido de martillo en la puerta de mi habitación.

—¡Ya voy, ya voy! —grité. Me di la vuelta y me levanté de la cama, luego me dirigí a la puerta y la abrí para encontrar a mi madrastra en el umbral.

—¿Qué quieres? —bufé.

—Cariño, ya deberías estar vestida. Tienes que presentarte en la casa del líder dentro de una hora —dijo sonriendo.

—¿Por qué? —pregunté, exasperada.

—¿Qué quieres decir? Ya hemos hablado de esto, Aurora —dijo.

—¡No, no lo hemos hecho! Tú tomaste la decisión por mí —contesté—. ¿Sabes qué? Iré, y espero encontrar a mi pareja, para que me lleve lejos de este lugar, ¡y lejos de ti!

Con eso, cerré la puerta en su cara.

Una hora más tarde estaba vestida y de camino a la casa del líder, murmurando sobre lo miserable que era mi vida.

No sabía que…

—Probablemente debería disculparme con Montana cuando vuelva a casa —mascullé para mis adentros.

Al acercarme a la casa, no pude evitar sentirme fastidiada por su grandeza. Era extravagantemente enorme.

¿Cuántas personas vivían allí?

Había un vigilante apostado en la entrada. Me miró de pies a cabeza antes de hablar.

—¿Cuál es el motivo de tu visita?

—Bueno, me han contratado como asistenta para trabajar en la celebración de la fiesta del alfa —respondí, algo intimidada.

—¿Nombre? —preguntó, sacando un portapapeles.

—Oh, eh… Aurora Craton, señor —logré decir en voz baja.

Comprobó la lista y asintió. Tardé un segundo en comprender que aquel gesto significaba que podía entrar.

Sólo había estado en la casa del líder una vez, cuando mi padre aún vivía.

Yo tenía unos seis años y estábamos jugando juntos en el parque cuando lo convocaron para una reunión urgente.

Como no tenía a nadie más con quien dejarme en tan poco tiempo, me llevó con él.

Recordé que me había sentado en una silla a la salida de la sala de reuniones.

—Quédate ahí, Rory. No tardaré mucho —Me indicó, dándome dio una palmadita en la cabeza, y entró en una habitación llena de otros hombres lobo.

Mientras estaba allí sentada, se me acercó un hombre enorme.

Tenía el pelo largo y negro como el azabache, los ojos oscuros como el ónix y un horrible corte en la cara.

Junto a él había un niño, con una mata del mismo pelo negro azabache y ojos azules brillantes. Iba discutiendo con el hombre.

—¡Pero yo soy el futuro alfa, papá! Debería estar en esa reunión contigo.

Se trataba del jefe de la manada y su primogénito.

—Todavía no estás preparado para reuniones como ésta, hijo —había respondido el alfa con voz monótona y expresión estoica.

Cuando se acercaron a donde yo estaba sentada, me bajé rápidamente de la silla e incliné la cabeza en señal de respeto.

Aquello era lo que mi padre y los otros aldeanos siempre hacían cuando veían al alfa.

No dieron muestra de advertir mi presencia, a pesar de que estaban delante de mí. Se limitaron a seguir con cháchara.

—¡Han matado a mi madre! Esos cabrones la han matado y quiero que paguen por ello —gritó el niño a su padre.

El chaval temblaba, y las lágrimas amenazaban con caer por el rabillo de los ojos.

Su padre se quedó allí, sin expresión, antes de hablar por fin.

—Hijo, cuando llegue el momento, serás bien recibido en la sala de reuniones. Pero, por ahora, continúa con tus clases de defensa personal —zanjó el hombre mientras agarraba el pomo de la puerta—. Y no te preocupes, Wolfgang: vengaré a tu madre.

Levanté un poco la cabeza para ver al chico mirando la puerta cerrada. Tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas contenidas y las manos cerradas en puños.

Al cabo se fijó en mí. Se giró para echarme un vistazo, limpiándose rápidamente las lágrimas con el brazo.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Quién te ha dejado entrar? —preguntó, todavía examinándome.

—Yo… Papá ha sido convocado a una reunión importante con el alfa y los ancianos, señor —respondí rápidamente, inclinando la cabeza una vez más.

—¿Quién es tu padre? ¿Cómo se llama? —quiso saber, aún no convencido.

—Rodrick Craton, señor —respondí, jugueteando con mis manos.

—¿Craton? ¿Tu padre es el gamma? —inquirió, esta vez más pasivamente.

En aquel momento, no estaba muy familiarizada con los rangos de la manada. Sabía que estaba el alfa, el líder. Luego estaba el beta, su lugarteniente.

Y el gamma, que se encargaba de la estrategia y la organización de todos los eventos y reuniones.

Luego estaban los ancianos, los curanderos —o médicos lobo—, los guerreros, los rastreadores y los mediadores.

Por aquel entonces, sabía que papá tenía un papel importante en la manada, pero no entendía hasta qué punto.

—Pues… ¿sí? —solté.

—¿Es eso una respuesta o una pregunta? —señaló burlonamente.

—Una… respuesta, señor. Mi padre es el gamma —afirmé, tratando de hablar con más confianza.

Me miró por un momento, luego sacudió la cabeza y agitó la mano en señal de despedida.

—Sigue con… lo que sea que estuvieras haciendo —ordenó. Y con eso, giró sobre sus talones y se fue.

—¡Eh, tú! —un grito me sacó de mi ensimismamiento.

Una mujer de unos cincuenta años se acercaba a mí tan rápido como podía. Su rostro estaba adornado con un ceño fruncido.

—¿Eres una de las asistentas voluntarias para la gala? —me preguntó.

—S-Sí, señora. Soy Aurora Craton, señora —me presenté, inclinando la cabeza.

Sentí un ligero toque en el hombro y levanté la vista para ver a la mujer tapándose la boca con la mano.

—¿Rory —preguntó.

—Sí, señora —respondí, sin entender su cambio de actitud.

Me sorprendió dándome un gran abrazo.

—¡Oooh, Rory! La última vez que te vi eras sólo una niña. Mira cómo has crecido—se maravilló. Me echó hacia atrás, contemplándome de pies a cabeza.

—¿Ya has encontrado pareja? —preguntó.

—Bueno… La verdad es que no, señora. No cumplo dieciocho años hasta dentro de un par de días. ¿La… la conozco? —vacilé.

—¡Oh! Lo siento, mi niña. Soy Kala. La gobernanta la casa del líder, y la comadrona de la comarca. Conocí a tu padre cuando era el gamma de la manada. También conocí a tu madre.

—Yo estaba allí el día que ella… —se interrumpió. Su rostro se ensombreció—. Siento no haber podido salvarla, querida.

—No pasa nada, señora Kala —dije con una sonrisa, poniéndole una mano en el hombro—. Es un placer conocerla.

—¿Así que estás aquí para ayudarnos en la gran velada de mañana, cariño? —preguntó mientras empezaba a caminar en la dirección por la que había venido.

La seguí.

—Sí, señora. Mi madrastra presentó mi candidatura. Siento decir que ni siquiera sabía que se necesitaba ayuda —dije, rascándome la cabeza.

—Bueno, gracias a Dios que lo hizo. Necesitamos toda la colaboración que podamos conseguir —aseguró. Mientras hablaba, abrió una gran puerta doble de color dorado que daba paso a una enorme sala.

No me extraña que necesiten toda la ayuda posible —pensé.

¡Aquel lugar era enorme!

 

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2

Aurora

Nos llevó un día y medio preparar el recinto para la fiesta.

La señora Kala me dijo que habría más de seiscientos invitados, entre asistentes de nuestra manada y de otras cercanas con las que teníamos firmado un tratado de paz.

Una vez que terminamos, la señora Kala me envió a casa para que descansara un par de horas. Tenía que estar de vuelta en la casa del líder al anochecer. La gala no empezaría hasta las nueve.

Cuando llegué a casa, me encontré con la desagradable imagen de mi madrastra paseando desnuda.

—¡Ajjjjjj…! —exclamé en voz alta, para llamar su atención—. No sé si sabes que estas habitaciones fueron hechas específicamente para proteger nuestra privacidad. No para andar por la casa completamente desnudos.

Me di la vuelta, esperando a que cogiera algo de ropa.

—Oh, lo siento, cariño. No esperaba que volvieras tan pronto. Vengo de patrullar la zona sur de la aldea —contestó despreocupada.

Mi madrastra era una rastreadora, poseía un agudo sentido del olfato.

De vez en cuando, el alfa le asignaba la tarea de patrullar, para ver si podía detectar el efluvio de los renegados que solían merodear por nuestras fronteras.

—Lo que tú digas —repliqué, con los ojos en blanco, me fui directamente a mi habitación y me tiré en la cama.

Intenté dormir, pero el sueño no llegaba, así que me levanté y decidí bajar a prepararme algo para cenar.

Una vez abajo, me di cuenta de que estaba completamente sola en la casa. Montana debía de haber salido de nuevo.

—Mejor para mí —pensé, encogiéndome de hombros.

Fui a la cocina y preparé pasta, luego me senté frente al televisor y comencé a buscar una película para ver.

Mi teléfono sonó. Bajé la vista y sonreí al ver que era Emma.

—Hola, Em —respondí mientras seguía recorriendo la lista de películas en el televisor.

—Bueno… ¿cómo ha ido la limpieza y la preparación de la gran fiesta? —preguntó.

—Hasta ahora, cansino. Ese lugar es enorme. Pensé que nunca terminaríamos con la decoración —relaté. Me metí un tenedor de pasta en la boca mientras hablaba.

—Uf, me lo imagino. ¿A qué hora empieza? —preguntó ella.

—Tengo que estar allí sobre las cinco y media. Pero el suplicio empieza a las ocho.

—¿Sabes a qué hora terminarás? —preguntó.

—En realidad no, pero estoy segura de que no será antes de medianoche.

—Vaya… qué fastidio. Supongo que tendré que desearte un feliz cumpleaños mañana.

—Sí, me han ordenado que deje el teléfono en casa, así que no leeré los mensajes hasta que vuelva.

—Vaya mierda —gruñó mi amiga.

No pude evitar soltar una risita

Pasamos el resto de la noche charlando y riendo. Apenas noté que el tiempo pasaba volando.

Unas horas más tarde, me dirigí a la casa del líder. Me presenté en las puertas y pasé al interior.

Una vez dentro, fui directa a las dependencias del servicio doméstico, donde me puse el uniforme oficial.

Consistía en una camisa blanca abotonada de manga larga, una pajarita roja, unos pantalones negros de cintura alta y unos zapatos de tacón negros.

Una vez vestidas, todas las camareras nos dirigimos a la sala de gala, donde se atenuaron las luces. Cada una sacó bandejas y se preparó para recibir a los invitados.

La señora Kala nos asignó a cada una de nosotras una determinada zona de mesas que debíamos atender, y luego nos indicó que nos situáramos junto a la pared más cercana a esa sección.

El lugar pronto comenzó a llenarse de gente. Los invitados lucían sus mejores galas..

Los últimos en entrar fueron nuestros aliados, los representantes de la Manada Luna Azul del oeste.

Su alfa entró junto con su hija, Tallulah Wilhelm. Era la chica más hermosa que había visto.

Tenía una larga y preciosa melena rubia, piel bronceada y unos brillantes ojos color avellana. Todo su ser exudaba perfección.

Tras ellos entró el gamma de nuestra manada, Remus Boman, que rondaba los veinte años. Iba de la mano de su compañera, Aspen.

Remus tenía el pelo castaño oscuro, con un par de mechones grises aquí y allá. Tenía los ojos marrones y era uno de los hombres más bajos de nuestro pueblo.

Pero a pesar de su pequeño tamaño, no sólo era uno de los integrantes más inteligentes de la manada, sino también de los más fuertes.

A continuación llegó el beta, Maximus Barone. Era alto, con pelo rubio oscuro y ojos verdes.

Todas las chicas estaban locas por él, a pesar de que era un mujeriego. Era el segundo más fuerte de la manada.

Por último, pero no por ello menos importante, el hombre del momento hizo su entrada en la sala.

Nuestro alfa, Wolfgang Fortier Gagliardi. Si las mujeres se volvían locas por el beta, él era el auténtico bajabragas.

Tenía una mata de pelo negro azabache que siempre le hacía parecer recién salido de la cama y unos ojos tan azules que brillaban como zafiros.

Era enorme, y bajo su ropa destacaban los músculos abultados. Era como si hubiera sido creado por la propia Diosa.

Pero había un problema con él…

No sabía sonreír, ni ser amable con nadie.

A pesar de que era un hombre muy guapo, su mirada de desprecio, combinada con su poderosa aura de alfa, hacía que la gente le rehuyera.

La mayor parte del tiempo sólo se le veía con su beta, que también era su amigo de la infancia. O con Tallulah, la hija del otro alfa.

Por un momento, nuestros ojos se encontraron y su intensa mirada me dejó clavada en mi sitio. Sólo fue una fracción de segundo, pero resultó suficiente para provocar una gran conmoción en mi interior.

Una vez que el alfa tomó asiento, todos los demás le imitaron.

Y así comenzó la fiesta.

Todo se desarrolló con rapidez. Estaba tan ocupada con mis mesas que no me di cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.

—Rory, la señora Karla te necesita en la cocina un momento —dijo una de mis compañeras.

—Estaré allí enseguida —respondí, recogiendo los platos vacíos y rellenando algunas copas de champán.

Cuando llegué la zona de cocina, me atacaron con confeti.

—¡Feliz cumpleaños, Aurora! —gritaron las presentes. Una hermosa tarta, en la que brillaban dieciocho velas, fue colocada ante mí.

—¡Oh, mi Diosa! Chicas, ¡no deberíais haberlo hecho! —exclamé, mirando el pastel con asombro.

—¡Oh, vamos! No todos los días se cumplen dieciocho años dijo una de las cocineras.

—Sí, muy pronto escucharás a tu lobo interior. Entonces podrás transformarte y… —la señora Karla hizo una pausa mientras miraba en derredor—.¡Encontrar a tu pareja!

Puse los ojos en blanco mientras todas reían.

Después de probar el pastel, nos dirigimos de nuevo a la sala para continuar con nuestro trabajo.

De repente, oí una extraña voz en mi cabeza.

Hola, Aurora… —saludó. Sonó tenue, pero clara como el día.

Era mi loba. Había despertado por fin

Eh… ¿hola? —respondí en mi mente.

Soltó una risita y salió a la luz. Su pelaje era blanco como la nieve y sus ojos de color púrpura.

Es un placer conocerte. Soy tu loba. Mi nombre es Rhea —se presentó mientras se sentaba, mirándome fijamente.

El placer es todo mío, Rhea —respondí—. Espero que podamos llegar a…

Mis palabras se interrumpieron cuando un delicioso aroma invadió mis fosas nasales. La fragancia era una mezcla de pino silvestre, almendras y ámbar.

Era cautivadora, atrayente.

Rhea también lo percibió. Dirigió su hocico hacia el cielo, olfateando.

Entonces dijo algo que me impactó.

Nuestro compañero está aquí. Puedo olerlo.

 

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Clasificación por edades: 18+ (Contenido sexual gráfico, violencia)

Advertencia: este libro contiene material que puede considerarse molesto o perturbador.

Autora original: Emily Writes

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

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