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Puede que Ava Darling sea una sabelotodo, pero se muere de ganas de dejar el instituto. En un día bueno, sus compañeros la ignoran; normalmente, se burlan de ella. Sin embargo, sólo le queda un año más. Después podrá pasar a la universidad y empezar de nuevo. Por desgracia, una broma cruel pone a Ava en el punto de mira del chico malo del instituto, Hunter Black, quien le dirige una extraña propuesta. Los dos no podrían ser más diferentes, pero si se asocian podrían descubrir que secretamente (muy secretamente) tienen más en común de lo que creen.

Clasificación por edades: 16+

Autora original: Sir Ellious

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

 

Sabelotodo de Sir Ellious ya está disponible para leer en la aplicación Galatea. Lee los dos primeros capítulos a continuación, o descarga Galatea para disfrutar de la experiencia completa.

 


 

La aplicación ha recibido el reconocimiento de la BBC, Forbes y The Guardian por ser la aplicación de moda para novelas explosivas de nuevo Romance, Teen & Young Adult.
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1

RESUMEN

Puede que Ava Darling sea una sabelotodo, pero se muere de ganas de dejar el instituto. En un día bueno, sus compañeros la ignoran; normalmente, se burlan de ella. Sin embargo, sólo le queda un año más. Después podrá pasar a la universidad y empezar de nuevo. Por desgracia, una broma cruel pone a Ava en el punto de mira del chico malo del instituto, Hunter Black, quien le dirige una extraña propuesta. Los dos no podrían ser más diferentes, pero si se asocian podrían descubrir que secretamente (muy secretamente) tienen más en común de lo que creen.

Clasificación por edades: 16+

Autora original: Sir Ellious

Nota: Esta historia es la versión original de la autora y no tiene sonido.

Ava

¿Alguna vez habéis tenido uno de esos días en los que no queréis ni salir de la cama?

Sí, hoy es uno de esos días. Gimoteo y me doy la vuelta, mirando el despertador.

Ya ha sonado dos veces, pero lo he pospuesto, lo que tampoco es el mejor de los planes, aunque solo llego diez minutos tarde, nada que no pueda arreglar una carrera frenética tras saltarme el desayuno. Qué suerte tengo.

Salgo a rastras de la cama y me dirijo al cuarto de baño del otro lado del pasillo.

Me lavo los dientes y hago mis necesidades, miro mi reflejo antes de salir y volver a mi habitación para cambiarme y prepararme para el instituto.

Me pongo unos vaqueros negros rotos por la rodilla y una camiseta de Harry Potter de gran tamaño con el escudo de Hogwarts.

Cuando digo que es demasiado grande, me refiero a dos tallas más de las que necesita mi pequeña figura, pero así es como me gusta ocultarme del mundo exterior.

Agarro mi par de gafas feas de montura negra, feas porque así las llaman todos los que se burlan de mí en el instituto cuando me saludan, y me cepillo el remedo de pelo en una coleta suelta en la parte superior de la cabeza, dejando que el cabello castaño se balancee detrás de mí.

Es el comienzo de mi último año en el instituto, un nuevo curso y, vaya, lo estoy temiendo: otro año para ser molestada, utilizada y amenazada.

No puedo esperar a escaparme e ir a la universidad a algún lugar donde empezar de nuevo.

Puede que sea una sabelotodo y todo eso, pero incluso yo odio la idea de levantarme al amanecer para memorizar y estudiar.

Agarro la mochila (que está a los pies de mi cama; por suerte, la dejé preparada anoche y la tengo lista para salir) mientras me dirijo a la cocina.

Todas las luces están apagadas, pero puedo ver una nota en la nevera a través de la luminosidad que consigue atravesar las persianas.

Me acerco a la ventana y subo las persianas dejando que mis ojos queden cegados momentáneamente antes de que se reajusten al repentino y excesivo torrente de luz.

Me acerco a la nevera y despego la nota.

Suspiro al leerla.

Trabajo en doble turno, hay comida en la nevera, tendrás que prepararla tú misma. Mamá bss

Me acerco a la nevera y la abro, el frío me golpea la cara y, aunque todavía hace bastante calor ya que estamos a principios de otoño, se me pone la piel de gallina.

De nuevo, suspiro porque no me apetece nada. Cierro el frigorífico y cojo una manzana antes de salir por la puerta, ya que no quiero llegar tarde el primer día.

No me malinterpretéis, este es un automatismo normal, o al menos lo era; pero, con las vacaciones de verano terminadas, necesitaba volver a la rutina y a los viejos hábitos para evitar que este tipo de cosas sucedieran.

Ahora estoy sola con mi madre y ella tiene que hacer turnos extra para poder mantenernos a flote. Incluso tuvimos que cambiar de casa porque no podíamos pagar la hipoteca.

Mamá trabaja como enfermera y su sueldo no es precisamente alto, ni podría serlo: no tienen suficiente personal ni fondos, pero trabajar para el Servicio Nacional de Salud hace feliz a mi madre, ya que así puede ayudar a los demás, y verla feliz me hace feliz a mí.

Mi padre murió en un accidente de coche hace dos años, cuando fue atropellado por un conductor ebrio que se desvió y chocó contra él. Papá murió al instante, nos lo arrebataron, mientras que el conductor ebrio se fue a casa con sólo unos cuantos moratones y aliento en los pulmones.

Aunque ya no esté, le echo mucho de menos. Yo era su niñita; él siempre estaba ahí para mí cuando lo necesitaba. Hasta que se fue.

Han pasado dos años y todavía siento el dolor, la pena que se cierne sobre mi espíritu atribulado.

Siento que se me llenan los ojos de lágrimas, pero las alejo, ya que no quiero llorar en mi primer día de regreso a sexto curso. Me sacudo los pensamientos mientras sigo caminando hacia el instituto.

Cuando llego a la entrada, me doy cuenta de que todos los coches y los alumnos se han reunido para ponerse al día después de las vacaciones de verano.

Puede que el centro sea público, pero hay mucha gente con mucho dinero que teme presumir de sus coches de lujo y su ropa cara de marcas de las que nunca he oído hablar.

Camino con la cabeza gacha y asegurándome de que nadie se fije en mí; me cuelo en el edificio y me dirijo a mi taquilla al final del pasillo.

Por si no os habéis dado cuenta, soy la chica a la que le gusta ser invisible, la que la gente pasa por alto hasta que necesita que alguien le haga los deberes o tiene un mal día y necesita desahogarse.

El mundo me ha concedido el don de la invisibilidad y sería una tonta si no lo aprovechara, ¿verdad?

Mi taquilla está justo en el extremo de la hilera y por eso nadie se da cuenta de que estoy allí, una ventaja para mí. Caminando hacia ella me encuentro con una chica de pelo rubio esperando; sonrío a mi única amiga, Lily.

Hagamos las presentaciones, ¿de acuerdo?

Lily ha sido mi mejor amiga desde que era pequeña, nos conocimos cuando ambas descubrimos nuestro odio hacia una horrible chica llamada Jessica y compartimos un paquete de caramelos juntas porque Jessica había robado y destrozado nuestro trabajo.

Puede que sólo tuviéramos cinco años, pero ¿a quién le importa? La amistad es la amistad, al fin y al cabo. Lily es impresionante.

Su pelo, rubio y rizado, le llega hasta la mitad de la espalda, y tiene unos ojos azules brillantes que llaman la atención de la mayoría.

Mide un metro sesenta y cinco, con unas piernas superlargas que las chicas envidian, tiene curvas en todos los sitios adecuados y su piel está bronceada de forma natural. En definitiva, es lo que la mayoría de los chicos quieren.

Resulta curioso pensar que no se fijan en mí cuando estoy con ella pero, si alguna vez habéis visto ‘El último baile’, entenderéis lo fácilmente que me ignoran.

Sin embargo, no me importa; nunca he terminado de entender realmente por qué se queda a mi lado, pero lo agradezco.

—Hola, zorra, ¿qué tal tus vacaciones?

Sonrío al oír cómo me saluda antes de responder. Tiene mucha confianza en sí misma y la admiro por eso.

—Ya me conoces, he sido muy productiva y he conseguido comerme todo el helado de la nevera y ver Netflix por un tubo.

—Me he dado cuenta, has visto ‘Shadowhunters’ entera en dos días.

Le sonrío, pero sé que es cierto, cómo no amar los instrumentos mortales.

Si os preguntáis cómo me las arreglo para pagar Netflix, sabed que no lo hago. Lily me deja usar su cuenta. Sus padres son bastante ricos, tienen un restaurante italiano y es increíble.

Si pudierais comer allí, lo entenderíais. Soy algo así como su catadora personal.

Le sonrío mientras saco mis libros de la taquilla, Lily está absorta en su teléfono enviando mensajes de texto como una maníaca, el golpeteo de sus uñas en la pantalla es de alguna manera tranquilizador frente a la sensación de caos que nos rodea.

Es difícil pensar que seamos tan amigas cuando venimos de lugares tan diferentes.

Salgo de mis pensamientos cuando Lily me da repetidas palmadas en el hombro. Pongo los ojos en blanco y me pregunto si se habrá roto la uña con la fuerza de los golpes. Me doy la vuelta y allí estaban.

Los tres dioses del sexo. Los tres mosqueteros.

Todo el vestíbulo se ha quedado en silencio y los estudiantes se separan como el mar Rojo para dejarlos pasar mientras los observan caminar por el pasillo; las chicas mueven los ojos con la esperanza de hacerse notar, mientras los chicos los miran fijamente porque quieren ser como ellos.

Pongo los ojos en blanco. Sí, están jodidamente buenos, no me malinterpretéis, pero son embaucadores, folladores, perdonad mi francés. Les va el aquí te pillo, aquí te mato. El usar y tirar. Follar y olvidar.

A veces es por diversión, otras veces es un juego o una apuesta, pero de cualquier manera, no tiene sentido para ellos.

El líder del grupo y en mi opinión el más sexy de ellos es Hunter Black. Mide metro ochenta y está hecho de puro músculo. No es el típico cachas revientacamisas, sino que más bien tiene cuerpo de modelo.

Su pelo es de un marrón oscuro casi negro y sus ojos son del color del bosque. Un verde esmeralda deslumbrante. Es el dios del sexo por excelencia.

Es un sueño de hombre, digno de babear por él; sin embargo, el inconveniente es que se ha acostado con casi todas las chicas del instituto y que nunca se relaciona la misma chica dos veces.

A excepción de la zorra de Jessica, claro está: él siempre vuelve con ella y a ella le encanta la atención que eso conlleva, ya que el chico más popular y sexy de la escuela la desea, y por extensión todos los tíos la desean también.

Luego está su mejor compañero, Liam Thorn. También mide metro ochenta, tiene el pelo rubio y los ojos azules y está muy bueno a su manera.

Es un nadador con un cuerpo precioso, pero no es un fornicador pertinaz como Hunter, y desde mi punto de vista no es tan irresistible. De vez en cuando se le ha conocido alguna novia, lo que para mí es un punto a su favor; creo que los otros podrían aprender una cosa o dos de él.

Por último, está Declan Reed, de pelo negro y un poco más alto que sus compinches. También tiene los ojos azules.

Declan no sólo es conocido por ser un semental, también le gustan las bromas; lo cual es extraño, porque si lo vierais no pensaríais que tiene sentido del humor. La mayor parte del tiempo tiene el ceño fruncido. Es como si solamente experimentase una emoción: una intensa aversión a la gente.

No lleva mucho tiempo con Hunter y Liam, tal vez unos tres o cuatro años, pero no cabe duda de que encaja con su aspecto y les es leal.

Por cierto, ¿he mencionado que estos tres tíos son ricos? De hecho, sus familias están forradas: podrían comprar el instituto si quisieran y nadie los detendría.

Todo el mundo los respeta, los profesores, los estudiantes, estoy segura de que incluso algunos de los padres les temen y harían cualquier cosa que les pidieran.

Ha habido rumores de que están involucrados en algunas cosas horribles, como bandas y drogas, pero la policía está demasiado asustada para hacer algo al respecto y con su dinero estoy segura de que podrían comprarlos.

Nadie sabe realmente si es cierto o no, pero nadie se atreve a preguntar.

Así que, ahí lo tenéis, estos tres chicos básicamente dirigen la escuela, y nadie les pone objeciones.

Me alejo de ellos cuando pasan y mantengo la cabeza baja. Me gusta ser invisible, simplemente no me gusta llamar la atención o quizás no me agrada lo que la atención me traería: dolor y miedo.

Gimoteo cuando suena el timbre y Lily y yo nos dirigimos a nuestra primera clase, Matemáticas.

***

Salgo de la clase y mientras camino con cuidado entre otros estudiantes empiezo a quejarme con Lily sobre el instituto.

La gente transita por todas partes con una prisa loca y yo hago todo lo posible por evitarlos, para no recibir ninguna muestra de desaprobación.

—¡Es una tortura! ¿De verdad esperan que hagamos matemáticas un lunes por la mañana?

Lily se limita a soltar una risita y a sacudir la cabeza ante mis tontos gritos.

—Pues sí que deben de odiarnos este año.

Tiene un tono sarcástico y me giro para mirarla antes de que las dos estallemos en un ataque de risa. No se me dan mal las Matemáticas, simplemente odio la asignatura.

Ni siquiera sé por qué la elegí como nivel A, no tiene sentido. Además, ¿cuándo me van a pedir que resuelva álgebra o teoremas circulares? La respuesta es nunca.

Lily y yo nos dirigimos a nuestra siguiente clase esquivando a la gente e ignorando los gritos de los alumnos y los profesores. Estoy tan distraída por todo el ruido que hay a mi alrededor que no me fijo por dónde voy. De pronto, un chico aparece sorpresivamente delante de mí. No puedo detenerme. Chocamos.

Sin aliento, retrocedo un poco agarrándome el estómago y mirando a los ojos del tipo que me ha causado este dolor.

A través de las lágrimas, puedo distinguir su rostro. Nos miramos fijamente antes de que él continúe su camino, casi derribándome y dispersando mis libros.

Como si no bastase con que me haya sin aliento, también ha tenido desparramar mis libros, a los que había logrado aferrarme en el primer impacto.

—Lo siento, preciosa.

Dice con un guiño en mi dirección antes de perderse en el mar de estudiantes. Me quedo sorprendida. Un chico, y uno guapo además, me ha llamado preciosa y me ha guiñado un ojo. ¡Alguien se ha fijado en mí!

Siento que mis mejillas se ponen muy rojas antes de agachar la cabeza y seguir caminando, arrastrando muy confundida detrás de mí a una Lily que ha recogido todos mis libros avergonzada por todo el fiasco.

 

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2

Ava

Después de un delicioso lunes al que he logrado sobrevivir si os lo preguntabais, ahora estoy sentada en el comedor de nuestro instituto, un lugar bastante agitado.

Por fin es viernes, y esto significa que todo el mundo está emocionado por el fin de semana. Los adolescentes se gritan y ríen mientras se reúnen con sus amigos. Yo gimo sentada a mi mesa.

Es mi mesa porque Lily y yo somos las únicas que nos sentamos aquí.

Muy triste, lo sé, pero ningún chico quiere ser visto tratando conmigo porque eso bajaría su estatus social y podría poner una diana en su espalda, a menos que, por supuesto, estuviera tratando de utilizarme.

Miro a Lily, que tiene su mirada puesta en la mesa popular, para ser más precisos está observando a Declan Reed. Está enamorada de él desde que Declan le pidió las respuestas de un examen de Ciencias.

Es algo tierno y, sin embargo, no quiero que le hagan daño.

Sé cómo es Declan y no quiero que se meta con mi mejor amiga. Le arrancaría la cabeza de los hombros si alguna vez llega a hacerle daño.

Suspiro mientras miro detrás de mí y observo también la mesa popular. Declan está charlando con los gemelos, seguramente sobre una fiesta que van a dar.

Los gemelos son los bromistas y los organizadores oficiales de fiestas del instituto.

Básicamente son como Fred y George Weasley, al igual que ellos tienen el mismo pelo rojo encendido y el mismo humor y la capacidad de hacer reír a cualquiera sin importar la situación.

He coincidido en unas cuantas clases con ellos y sé que son capaces de hacer reír a la gente, incluso a los profesores; aunque lamentablemente la mayoría de las veces me ha tocado recibir sus bromas: el clásico cubo colocado en lo alto de una puerta y que te cae en la cabeza al entrar, pegamento en mi silla para que no pudiera levantarme, ponerme chicle en el pelo y mi favorita: encerrarme en los armarios de la limpieza.

No era del todo malo porque al menos podía hacer mi tarea en paz y tranquilidad. Los profesores nunca han hecho nada para evitarlo, así que al final he dejado de contárselo a la gente y he aprendido a lidiar con ello.

Los gemelos no son ratas de gimnasio como el resto, gracias a Dios, pero eso significa que la mayoría de las veces era otra persona la que me cogía y me metía en el armario.

Miden alrededor de metro setenta y se llaman James y Justin, lo que resulta aún más confuso, ya que la gente los confunde porque se parecen mucho, aunque no son idénticos.

Son muy amables cuando no están gastando bromas y nunca se han preocupado por las chicas.

Están demasiado ocupados cuchicheando con Declan para idear la última travesura o las bromas.

Como ninguno de los dos ha sido visto nunca con una tía, sospecho secretamente que pueden ser homosexuales, pero nunca se lo diría a la cara.

Al lado de Declan en la mesa se sienta Liam, que está hablando con una chica que en mi opinión es muy bonita. Se le ve bastante nervioso mientras la chica se sonroja y se ríe de lo que él le dice, lo que sólo parece aumentar su confianza.

La verdad es que es refrescante ver a uno de estos tipos esforzándose por impresionar a una chica y no intentando meterse a toda costa en sus bragas, que es para lo que suele servir la pausa del almuerzo.

Luego está Hunter, que tiene a una chica en su regazo. Se están comiendo la boca, ¿puedo decir que es asqueroso?

Sus manos se enredan en el pelo rubio blanqueado de ella mientras la acerca a él como si no estuvieran ya pegados.

Siento que mi apetito me abandona, mientras vuelvo a mi comida pero la imagen mental de Hunter besándose con una chica al azar se graba en mi mente, provocándome pesadillas para una buena temporada.

¿Saben que esto es una cantina donde se come y no un club de estriptís o lo que sea?

La chica en el regazo de Hunter apenas lleva ropa; sin embargo, el poco material que hay ahí es demasiado pequeño para ella y básicamente se puede ver todo, algo que no me apetece. Pongo cara de asco y miro a Lily que ahora está enviando mensajes de texto en su teléfono con una mirada lejana en su cara y un toque de tristeza.

Suspiro y apoyo la cabeza en los brazos colocados sobre la mesa mientras espero que acaben las clases.

Aunque todavía me quedan dos clases más, por suerte una de ellas es un periodo libre lo que significa que puedo adelantar trabajo y completarlo todo para la semana que viene. Por suerte, he preguntado a mis profesores qué van a tratar esa semana.

Siento que una silla se mueve a mi lado y luego una presencia humana ocupa el espacio vacío. Como buena sabelotodo, soy muy antisocial como la mayoría: si puedo evitar el contacto humano lo haré.

Levanto la cabeza de los brazos y miro fijamente al chico que se sienta a mi lado, tiene una gran sonrisa en la cara, como si no se diera cuenta de que sólo por sentarse a mi lado podría bajar su estatus social y recibir una paliza.

Lo reconozco como el mismo chico de antes, el que chocó conmigo y me llamó guapísima.

Siento un ligero ardor en mis mejillas y uso mi pelo para ocultar mi cara. Dejo que mi coleta se balancee frente a mi rostro mientras hago lo posible por ignorar su presencia.

—Hola —dice. Su voz es suave y acogedora, como si no se diera cuenta del peligro que corre.

El desconocido me está hablando, ¿qué hago? Si me voy, pensará que soy rara. Está bien, sólo saludaré, puedo con esto.

Noto que mi ritmo cardíaco se acelera y la sangre martillea en mis oídos, mi mente se siente mareada y creo que podría desmayarme.

—Hola —saludo. Mi voz sale más alta de lo normal y mi vergüenza no hace más que aumentar. Me sonríe. Es guapo y tiene hoyuelos cuando sonríe pero ese gesto no se refleja en sus ojos.

—Eres Ava, ¿verdad?

Asiento mientras trago la saliva de más que se me ha acumulado en la boca y rezo a quienquiera que esté escuchando para que no me haya oído o notado tragar. ¿Cómo sabe mi nombre?

—Bueno, Ava, ¿nos vemos en la biblioteca dentro de cinco minutos?

De nuevo, asiento y veo cómo se aleja hacia la biblioteca a través de las puertas dobles antes de desaparecer de la vista. ¿Por qué he aceptado encontrarme con un extraño al azar?

Miro a Lily en busca de algún consejo, pero me doy cuenta de que me ha dejado. Ha debido de irse cuando han aparecido los chicos. Traidora.

Supongo que será mejor que vaya a la biblioteca, probablemente quiere que le haga los deberes o utilizarme para sentirse mejor con lo horrible que es su vida.

Ese es el resumen habitual de estas situaciones: hacer sus deberes y no volver a hablar con ellos y que me ignoren en los pasillos o que me muelan a golpes y hagan como si nunca hubiera pasado.

Suspirando, salgo de la cantina y camino por los pasillos rumbo a la biblioteca, hay silencio y empiezo a ponerme nerviosa. Puedo oír el eco de mis pasos mientras avanzo.

Es agradable no estar atrapada en el frenesí de la gente mientras tratan de llegar a sus clases a tiempo. Para alguien de mi estatura es difícil moverse entre estas multitudes: las hordas de personas que me rodean me empujan y me arrastran..

No importa, porque les daría igual si pudieran verme. La mitad de las veces creo que sí, pero simplemente les gusta empujarme sólo porque pueden, ya que nunca hago o digo nada de vuelta; eso sólo empeoraría las cosas.

Entrando en la biblioteca me doy cuenta de lo silenciosa que está, normalmente la gente está aquí intentando hacer su trabajo y comiendo en secreto su almuerzo, ya que están demasiado asustados para ir a la cantina. Lo sé muy bien, ya que a veces me escondo en este recinto porque ninguna persona popular quiere ser pillada ni muerta en la biblioteca.

No hay nadie a la vista mientras recorro con la mirada la inmensa sala.

Veo al tipo que me pidió que viniera, que está acechando en las sombras donde hay un montón de libros en las estanterías que le cubren con un resplandor más oscuro.

Me acerco a él nerviosa, tanteando con las manos, y me sonríe desde las sombras, lo que me hace sentir incómoda, como si él fuera el gato y yo el ratón.

—Estás preciosa —me suelta. Su voz es baja y suave y hace que todo mi cuerpo se ilumine y sienta un cosquilleo.

Siento que mis mejillas se calientan ligeramente y agradezco que esté oscuro aquí para que él no pueda ver los efectos que tiene en mí, no entiendo por qué me provoca esto ni por qué me importa.

Me agarra de la mano y me acerca a él, atrapándome entre la estantería y su cuerpo.

Puedo sentir el calor que desprende su cuerpo y su aliento abanicando mi cara, como pequeños y dulces besos de menta.

Se me corta la respiración en la garganta y el corazón está a punto de salirse del pecho como un animal enjaulado. El chico se inclina hacia delante y acorta la distancia que nos separa, con su cara a escasos centímetros de la mía.

Lo veo mirar mis labios. ¡Dios mío! ¿Qué hago? Esto no puede estar pasando; ni siquiera conozco al tipo y no estoy segura de querer besarlo.

Mi mente se vuelve negra y me quedo congelada mientras el chico cierra la brecha entre nosotros. Hay apenas un centímetro entre nuestros labios.

Puedo sentir su aliento extendiéndose sobre mi cara con más intensidad, el olor a menta insinuándose como una ola del mar.

Mi mente se reinicia de repente al ver sus ojos cerrarse, no sé si estoy preparada para esto: ni siquiera lo conozco.

Me entra el pánico, no le conozco, esto está muy mal, no puede llevarse mi primer beso.

Entonces se aparta y empieza a sonreír y a reír. Estoy muy confundida. Me mira y ya no parece dulce, parece un monstruo.

Sus ojos son afilados y fríos, su sonrisa es reemplazada por una mueca malvada y siniestra. No hay calidez en su rostro, sólo líneas duras y odio en sus rasgos.

Se retira y mira a su alrededor como si esperara que la gente salga a felicitarle por la increíble broma que acaba de perpetrar.

—,¿De verdad creías que te iba a besar? Mírate, no eres nada guapa pareces el culo de una vaca. Apuesto a que nunca te ha besado un chico, ¿verdad?

—¡No eres más que una sabelotodo y eso es todo lo que serás!

Puedo sentir las lágrimas burbujeando en mis ojos, me ha engañado sólo para poder hacerme daño. Ni siquiera sé quién es, ¿por qué hacerme esto?

Oigo más voces que se unen a las risas mientras veo a un montón de gente salir de las sombras con cámaras y teléfonos apuntando hacia mí.

Al frente está Jessica, la chica que Lily y yo odiamos a muerte. Siento que las lágrimas caen por mi cara como una cascada mientras la gente me señala y se ríe de mí.

Jessica me pone el teléfono en la cara y me sonríe. El dolor que siento por haber sido engañada de una manera tan íntima me está destrozando. La vergüenza y el dolor son demasiado, así que salgo corriendo. Siempre lo hago.

Corro tan rápido como mis pequeñas piernas pueden llevarme fuera de la biblioteca mientras sus rostros persiguen mis sueños. Aún puedo escuchar su risa mientras rebota alrededor de mi cabeza como una bala, burlándose de mí como el mismo diablo.

 

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Hada Madrina S.A.

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